Otros Pueblos: kendo y el antropólogo

Crecí en los ochenta y sobreviví haciendo la grulla (literalmente) y viendo programas no precisamente infantiles en casa de mi abuela en verano. Uno que me fascinaba era Otros Pueblos, que dirigía y presentaba Luis Pancorbo. Viéndolo aprendí la palabra yanomami.

Los episodios de la serie toman por título el gentilicio de los habitantes del país o la cultura que visita. En 1983, en su primera emisión, Pancorbo presentó Japoneses. Y adivinad por dónde empezaba a contar:

Otros pueblos, de Luis Pancorbo RTVE. Japoneses (1983), kendo y kyudo

El vídeo no se puede incrustar, pero puedes verlo gratis en RTVE.es haciendo click en la imagen

Otros Pueblos pertenece a la última época de grandes producciones de TVE, la televisión pública española. Su predecesora más notable y famosa fue El Hombre y la Tierra, otro icono de mi infancia, de varias infancias antes y después de la mía. La colosal fábula naturalista de Félix Rodríguez de la Fuente buscaba narrar la vida salvaje sin el antropocentrismo que la convertía en recursos naturales. Los animales amaban, envejecían y morían como héroes de un relato emotivo y poético. Luis Pancorbo busca un objetivo similar: acercar otras civilizaciones a la nuestra huyendo del etnocentrismo. La España de los 80 acusaba (y todavía acusa) un fuerte complejo colonial que Pancorbo, junto a otros pioneros como Carmen Sarmiento o el propio Rodríguez de la Fuente, trató de erradicar con un discurso sobrio, algo distante, nunca basado en lo pintoresco sino en la búsqueda de patrones culturales y sociales. Sus protagonistas, japoneses, indios, beduinos, también aman, sufren y sienten. Difiere la forma de materializarlo.

Otros pueblos, de Luis Pancorbo RTVE. Japoneses (1983), kendo y kyudo

El kendo abre el episodio: kendo infantil, parte de una metáfora visual que monta en paralelo el esfuerzo de los niños y niñas kenshi en sus shiai geikos con el de los obreros de las fábricas, los trenes atestados y los robots omnipresentes. Un Japón en plena expansión económica que ya está invadiendo Europa y América del Norte con microelectrodomésticos y juguetes. Pasa Pancorbo por la inevitable reflexión sobre el Bushido, pero también nos hace preguntarnos por qué hoy todavía quedan madres de familia que queman incienso en la tumba de los 47 Ronin, por qué un niño de Osaka puede calzarse un bogu y sudar cinco días a la semana y a la vez jugar con el robot de una exposición, y no parecer un marciano por ello. Por qué no se hace huelga en una fábrica, y por qué un consumidor paga 3 euros por un melón y no cuestiona las condiciones de vida que equiparan la de un agricultor y un salaryman. En la flecha que lanza un maestro de kyudo (min. 40:00) Pancorbo ve un espíritu que no se quiebra ante cambios de sistema, bombas nucleares o capitalismo salvaje; que permanecerá cuando todos ellos sean episodios históricos, y que permiten al japonés saberse en medio de cada transformación. Y por el camino, describe nuestra constante perplejidad ante ellos:

Niños del año mil y niños del año dos mil. Agricultores y obreros. Pescadores y expertos en informática; insolentes y educados; militaristas y estetas; agresivos y mansuetos; valientes y tímidos; conservadores y abiertos a toda novedad; rígidos y adaptables; jugadores de béisbol y cultivadores de tradiciones milenarias. Nada y todo. Todo a un tiempo.

Al estilo de las series documentales de la BBC, Otros Pueblos continúa viva y va ya por la producción de su duodécima serie (aquí es difícil hablar de temporadas). En 1998 Pancorbo regresó a Japón para hablar de shintoísmo en el s. XXI en otro episodio, Nikko. Las primeras emisiones han sido remasterizadas por TVE y están siendo emitidas de nuevo este verano, para gozo de más niñas y adolescentes raras, y de treintañeros que hacen kendo.

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Así nos ven. Fernando Hugo Rodrigo Blanco, guionista (primera parte)

De vez en cuando mis amigos vienen a visitar el dojo cuando pasan por Madrid. El éxito de las visitas ha sido más bien nulo a efectos proselitistas, pero he convencido a uno para que nos cuente cómo somos desde su punto de vista. Fernando Hugo Rodrigo Blanco es guionista de cine y TV, y esto es lo primero que escribió en su blog, como narrador audiovisual, sobre nuestros QUÉS.

Todos tenemos nuestras pequeñas cápsulas de vida encajonadas en rutinas. Más, a medida que envejecemos, pero he aquí que, de cuando en cuando, uno tiene la suerte de topar con todo un universo que, si no es “alternativo” en el grado que tiene este adjetivo en la ciencia ficción, sí que te pone en contacto con una forma de vivir tan diferente a la tuya que no puedes sino hacerte preguntas.

Y hacerte preguntas es un método estupendo para aproximarte a un proyecto de guión.

Pese a mi usual desconfianza acerca de las bondades de las nuevas tecnologías, reconozco que en esto Twitter me ha traído ventajas, ya que ha sido a través de él que la conociera yo hace dos años, más o menos a @cristaljar  (y el otro proyecto lo estoy trabajando con otro compañero twitero, @SamuelDalva). Arancha me dio la oportunidad de sumarme a un proyecto que le llevaba viajando por las neuronas años y que proviene de un interés personal en un tema: las artes marciales.

En cuanto a la webserie, en principio, mis funciones como guionista eran las habituales, entre otras cosas, porque había cierta prisa. Había un concurso por ahí, y una fecha de entrega, y eso asienta muy bien las prioridades: personajes, tramas, subtramas, giros… Desarrollamos la propuesta de ficción, y, cuando nos dimos cuenta, casi lo teníamos al dente.  Claro, habrá que revisar, rescribir, afinar, pero la historia a la que aspirábamos está ahí. Nunca habíamos trabajado juntos. No vivimos en la misma ciudad. No nos conocemos, ya digo, desde hace tanto, y, siendo realistas, ni siquiera hemos hablado en persona en tantas ocasiones.

Y, sin embargo, “entré” en su mundo con relativa facilidad. Esto, creo, es fundamental para un trabajo entre dos (o más) guionistas: comprender lo más rápido que se pueda, no ya las intenciones de un proyecto, sino su tono. Y, si me apuran, hasta exactamente qué ronda la cabeza de tu compañero (no digamos ya, el de tu jefe) antes de que se refleje del todo en el Word, el PDF, o el Celtx.  Pero no es sencillo. No lo es porque, sorpresa, todos tenemos bastantes más diferencias de las que creemos. No nos obsesionan las mismas cosas.

No vemos ni nos gustan el mismo cine o series, ni nuestros intereses son tan similares, ni nuestras rutinas particulares, tan iguales. La edad y el país y su coyuntura sí, puede que nos acerquen, pero menos de lo esperado. Sí, casi todos estamos en paro o tenemos problemas de trabajo. Sí, casi todos estamos ya en un momento en que o nos hemos casado o tenemos pareja estable y hasta puede que tengamos hijos. Pero ni siquiera esta circunstancia social tan “equiparadora” expulsa peculiaridades en nuestro día a día.

Y eso es lo interesante. O, mejor dicho, es lo interesante si somos capaces de ver que es justo eso: interesante. Las historias también están ahí fuera. Donde se origina lo que es diferente. Lo que es curioso. Fuente de preguntas.

Arancha practica artes marciales. Kendo Iaido. ¿Qué? Bueno, yo tampoco sabía qué era. Arancha practica estas dos disciplinas desde hace años. Cuando lo supe, me sorprendí. Me sorprendí por un detalle muy concreto: yo nunca podría.

Campeonato de kendo de Madrid 2011

¿Da miedo? Bueno. Lo que se desconoce siempre lo da, un poco ¿Pero no genera también curiosidad?

Encuentro que esto es una forma de aproximarse a la realidad de los otros. Otra, por supuesto, es la de “yo nunca lo haría”, pero eso me parece que contiene una especie de juicio. Un tanto de ese cinismo o superioridad del que cree que su vida, sus intereses, las decisiones que toma, son una especie de norma, y las de los demás, algo ajeno, incomprensible, cuando no estúpido. Ya conocen esa actitud: sobrevuela blogs de toda clase. Más, si son blogs “ideológicos”.

Pero con esa postura, es improbable que un guionista (o cualquiera que haga algo creativo) esté escuchando de veras a la otra persona. Es como ese turista, por otro lado tan extendido, que lleva una cámara que dispara fotos digitales a troche y moche igual por un paisaje que por un monumento que por algún tipo de ceremonia étnica. Miras pero no ves. Oyes, pero no escuchas. Pasas por allí, y vuelves a tu redil, y te congratulas de que has conocido mundo. Pero tu mundo sigue igual que antes con lo que en verdad no has conocido nada.

Arancha practica artes marciales y yo quería saber por qué. Quería y quiero saber, también, por qué se ha convertido al Islam, pero aún quedan muchos años, y proyectos posibles, con lo que mi amistad con ella tiene ocasión de crecer.

Y esto es Iaido. La imagen no transmite, no puede, todo lo que de fascinante y bello tiene este arte marcial.  Campeonato de España de iaido 2010

Y esto es Iaido. La imagen no transmite, no puede, todo lo que de fascinante y bello tiene este arte marcial.

Pero ahora mismo este proyecto, en su faceta documental, trata sobre las artes marciales. Y cuando aquello que sólo tenía ficción pasó a ser una cosa más transmedia, las posibilidades florecieron. Una forma de que algo que tú encuentras interesante se convierta en interesante para un futuro y potencial espectador es que puedas situarte, desde el principio, en la misma casilla de salida.

Y esa casilla de salida es siempre una pregunta. Bueno, una que abra todas las demás.

¿Quiénes son, todas estas personas que, en vez de descansar y relajarse, tras un día duro de trabajo van a un gimnasio (la palabra “técnica” es dojo) a castigarse el cuerpo? ¿No es lo bastante dura ya, la vida? ¿Y qué tiene esa filosofía oriental, que tan poco conocemos, y que tan mal interpretamos, más, en estos días en que la moda es la oposición a todo pensamiento un poco trascendente?

Todo se explica recordando ese estupendo título (y no menos estupendo relato) de Robert Heinlein que se titulaba “All of you zombies”. La historia hace uso de lo saltos temporales y de las incoherencias que produce. Pero aquí la clave es la postura del (no atípico, en Heinlein) protagonista: como, al final, cada ser con quien tiene relación derivan de él mismo, todos los demás, todos los que no sean “él”, son desconocidos, y, por tanto, un Otro demasiado “extraño”; demasiado “ajeno”. Merecedor de ese calificativo despreciativo: todos, menos él, son zombies. Todos los demás.

Pero como no parece adecuado ese vía hacia la misantropía, diría que el camino es el opuesto. Preguntarse quiénes son estos “otros”. Y si eso se convierte en una forma de desarrollar un proyecto creativo, miel sobre hojuelas. Arancha se ha embarcado en una historia que serán, además, varias historias, y lo hace porque es parte de su vida. Yo la acompaño porque quiero entenderla, y entender, un poco, no crean, eso tan complicado que es todo lo que queda fuera de la mente de uno mismo.

Los viernes geiko: Begin Japanology

Hay dos series fundamentales sobre Japón: una es Japanorama (BBC3); la otra es Begin Japanology de la NHK, la televisión pública japonesa. La primera da una vuelta de tuerca con muy mala leche al socorrido y cansino Joderquérarossonlosjaponeses: si lo que buscas es el Japón más desconcertante, necesitas ver a Jonathan Ross. Su serie te explicará algunas cosas, como que las rarezas de los japoneses lo son por culpa de presentaciones pueriles y descontextualizadas, y que si te va ese rollo a lo mejor el rarito eres tú.

Begin Japanology, por el contrario, es pura divulgación vocacional. Minuciosa, muy simple en sus elementos narrativos, clara y profundamente exhaustiva. O lo que viene a ser lo mismo: japonesa. Lleva seis temporadas acercando a los occidentales elementos de la vida en Japón como el Sumo, las aves, el MUSGO, las bicicletas, la matemática tradicional,  los cuchillos de cocina o los retretes. Su episodio 58 lo dedica al kendo:

El episodio sigue la narrativa de la serie: una presentación del concepto, en este caso el kendo como arte marcial, digamos técnica o descriptiva; una perspectiva histórica para contextualizarlo; diferentes cortes “en vivo” (hoy Men Kaeshi Do) y un enfoque al contexto en el Japón actual, que suele ser mi parte favorita de cada episodio.

En este caso se concentra sobre el día a día de Toshimitsu Takamiya, entonces (el capítulo se emitió en 2009) estudiante en la Universidad de Osaka. Takamiya destaca entre sus compañeros y compañeras, además de por su habilidad como budoka, por su diversidad funcional. Siendo manco, trabaja siempre katate y Jodan. De hecho esta es lamentablemente la única ocasión en la que Begin Japanology se acerca a la diversidad funcional en sus siete años de recorrido por la sociedad nipona.

Toshimitsu Takamiya (ahora Takamiya sensei) sigue en la Universidad de Ciencias de la Salud de Osaka, ahora como profesor. Este es uno de sus últimos shiais, en el Campeonato Nacional de Profesores 2012.