By Danimaru. Jagyu Jubei

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Yagyu Jubei Mitsuyoshi, by Danimaru

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Y los viernes sigue el keiko: quinto interprefectural femenino

Hace dos semanas se celebró el Quinto Campeonato Nacional Femenino en Japón. Mientras algunos españoles nos dedicábamos a sudar la gota gorda en Huesca, uno de nuestros lectores de México, David Ramírez, nos hizo llegar el streamming y posteriormente los vídeos del canal Youtube de la ZNKR. He escogido la final por equipos para ver esta semana y postear aquí:

En comparación con gente que conozco, hasta ahora he visto muy pocos vídeos de campeonatos. Me resultaba difícil mantener la atención y no tratar de verlo todo, de pillarlo todo. Desde hace unas pocas semanas intento ver aquellos que me llaman la atención varias veces y tratando de ponerme en el lugar de uno de los contendientes cada vez, no sólo para seguir sus movimientos, sino para tratar de sentirlos también. Llegar a enteder qué está haciendo y (muy de vez en cuando) imaginar qué quiere hacer, qué va a hacer a continuación. Es un ejercicio difícil, pero no menos que eso que llamamos construir cuando nos toca.

Una vez que me he cansado me ha explotado la cabeza he visto los combates desde un punto de vista, trato de hacerlo desde el otro. Escojo Shiro o Aka al azar, sin pensar en quién ha ganado o no: en kendo de tan altísimo nivel, no creo que haga ninguna diferencia, al menos en lo que yo misma pueda aprender.

Hay varios momentos que he parado para ver varias veces: la diferencia en la entrada de las Senpo (min. 00:40), leer sus dos ataques desde el saludo; el hiki men final de Kurita (min. 34:00); el tsuki de Yamaguchi (min. 14:40). El diferente ritmo de cada combate en función de la ventaja, y consecuentemente de la presión. Cosas que pueden resultar algo más difíciles de ver en conjunto en los combates individuales.

Y si todavía seguís pensando que el kendo femenino es flojo, casi me callo y os ponéis a verlo.

 

Otros Pueblos: kendo y el antropólogo

Crecí en los ochenta y sobreviví haciendo la grulla (literalmente) y viendo programas no precisamente infantiles en casa de mi abuela en verano. Uno que me fascinaba era Otros Pueblos, que dirigía y presentaba Luis Pancorbo. Viéndolo aprendí la palabra yanomami.

Los episodios de la serie toman por título el gentilicio de los habitantes del país o la cultura que visita. En 1983, en su primera emisión, Pancorbo presentó Japoneses. Y adivinad por dónde empezaba a contar:

Otros pueblos, de Luis Pancorbo RTVE. Japoneses (1983), kendo y kyudo

El vídeo no se puede incrustar, pero puedes verlo gratis en RTVE.es haciendo click en la imagen

Otros Pueblos pertenece a la última época de grandes producciones de TVE, la televisión pública española. Su predecesora más notable y famosa fue El Hombre y la Tierra, otro icono de mi infancia, de varias infancias antes y después de la mía. La colosal fábula naturalista de Félix Rodríguez de la Fuente buscaba narrar la vida salvaje sin el antropocentrismo que la convertía en recursos naturales. Los animales amaban, envejecían y morían como héroes de un relato emotivo y poético. Luis Pancorbo busca un objetivo similar: acercar otras civilizaciones a la nuestra huyendo del etnocentrismo. La España de los 80 acusaba (y todavía acusa) un fuerte complejo colonial que Pancorbo, junto a otros pioneros como Carmen Sarmiento o el propio Rodríguez de la Fuente, trató de erradicar con un discurso sobrio, algo distante, nunca basado en lo pintoresco sino en la búsqueda de patrones culturales y sociales. Sus protagonistas, japoneses, indios, beduinos, también aman, sufren y sienten. Difiere la forma de materializarlo.

Otros pueblos, de Luis Pancorbo RTVE. Japoneses (1983), kendo y kyudo

El kendo abre el episodio: kendo infantil, parte de una metáfora visual que monta en paralelo el esfuerzo de los niños y niñas kenshi en sus shiai geikos con el de los obreros de las fábricas, los trenes atestados y los robots omnipresentes. Un Japón en plena expansión económica que ya está invadiendo Europa y América del Norte con microelectrodomésticos y juguetes. Pasa Pancorbo por la inevitable reflexión sobre el Bushido, pero también nos hace preguntarnos por qué hoy todavía quedan madres de familia que queman incienso en la tumba de los 47 Ronin, por qué un niño de Osaka puede calzarse un bogu y sudar cinco días a la semana y a la vez jugar con el robot de una exposición, y no parecer un marciano por ello. Por qué no se hace huelga en una fábrica, y por qué un consumidor paga 3 euros por un melón y no cuestiona las condiciones de vida que equiparan la de un agricultor y un salaryman. En la flecha que lanza un maestro de kyudo (min. 40:00) Pancorbo ve un espíritu que no se quiebra ante cambios de sistema, bombas nucleares o capitalismo salvaje; que permanecerá cuando todos ellos sean episodios históricos, y que permiten al japonés saberse en medio de cada transformación. Y por el camino, describe nuestra constante perplejidad ante ellos:

Niños del año mil y niños del año dos mil. Agricultores y obreros. Pescadores y expertos en informática; insolentes y educados; militaristas y estetas; agresivos y mansuetos; valientes y tímidos; conservadores y abiertos a toda novedad; rígidos y adaptables; jugadores de béisbol y cultivadores de tradiciones milenarias. Nada y todo. Todo a un tiempo.

Al estilo de las series documentales de la BBC, Otros Pueblos continúa viva y va ya por la producción de su duodécima serie (aquí es difícil hablar de temporadas). En 1998 Pancorbo regresó a Japón para hablar de shintoísmo en el s. XXI en otro episodio, Nikko. Las primeras emisiones han sido remasterizadas por TVE y están siendo emitidas de nuevo este verano, para gozo de más niñas y adolescentes raras, y de treintañeros que hacen kendo.