Lobezno: Inmortal. Podría haber sido peor

A estas alturas el trailer ya lo habéis visto todos y a más de uno se le ha hinchado la vena del ojo.

Ah, ¿que no? Pues a solucionarlo ahora mismo:

Tampoco es tan grave la cosa. Nueva película sobre (o alrededor de) Japón. Nuevo giro en torno a los tropos habituales: muerte, honor (en este caso encarnado en, ATIENDE, un joven ninja), tradición y samurai de plata un mecha tecnología. Lobezno, el universo Marvel en general, son un pretexto casi irrelevante. Japón siempre es un estado mental para los no japoneses.

La cosa es que, aunque hace muchos años de aquel Lobezno: honor, a mí de los mutantes me gustan hasta los andares y allí que me fui. Ya sabía que el argumento apenas tiene que ver con la trama original del personaje. Ya sabía que iba a ver un ejemplo más de kendo tróspido; y me imaginaba las ideas que la ambientación iba a verter. Ese Japón antiquísimo donde cualquier familia samurai que se precie tiene su buena colección de espadas, una casa con engawa y jardín de arena, y combinan la última tecnología con el shinto más rancio folklórico. Se junta de todo: ninjas, samurais y yakuzas en torno a Yashida, el viejo amigo de Lobezno, que en el universo original genera un conflicto similar al que se desata en esta película, con la diferencia de que el guión de Claremont se entiende.

A estas alturas el trailer ya lo habéis visto todos y a más de uno se le ha hinchado la vena del ojo.  Ah, ¿que no? Pues a solucionarlo ahora mismo:  <span class="embed-youtube" style="text-align:center; display: block;"><iframe class='youtube-player' type='text/html' width='560' height='315' src='https://www.youtube.com/embed/R71S5--vD2s?version=3&rel=1&fs=1&autohide=2&showsearch=0&showinfo=1&iv_load_policy=1&wmode=transparent' allowfullscreen='true' style='border:0;'></iframe></span>  Tampoco es tan grave la cosa. Nueva película sobre (o alrededor de) Japón. Nuevo giro en torno a los tropos habituales: muerte, honor (en este caso encarnado en, ATIENDE, un joven ninja), tradición y tecnología. un mecha. Lobezno, los mutantes, el universo Marvel en general, son en este caso un pretexto casi irrelevante. Japón siempre es un estado mental para los no japoneses.  La cosa es que, aunque hace muchos años de aquel Lobezno: honor, a mí de los mutantes me gustan hasta los andares y allí que me fui. Ya sabía que el argumento apenas tiene que ver con la trama original del personaje. Ya sabía que iba a ver un ejemplo más de kendo tróspido; y me imaginaba las ideas que la ambientación iba a verter. Ese Japón antiquísimo donde cualquier familia samurai que se precie tiene su buena colección de espadas, una casa con engawa y jardín de arena, y combinan la última tecnología con el shinto más rancio folklórico. Se junta de todo: ninjas, samurais y yakuzas en torno a Yashida, el viejo amigo de Lobezno, que en el universo original genera un conflicto similar al que se desata en esta película, con la diferencia de que el guión de Claremont se entiende.   Te cagas Las virivueltas de los kendokas no hacen más daño a la vista que aquellas de Se ha escrito un crimen. Más pupa hace el hecho de que el kendo se utilice como retrato, una vez más, del saber ancestral, porque una pirueta no hace daño pero un estereotipo sí. Resulta bastante triste que no se aprovechen más de la formación de Hiroyuki Sanada en el Japan Action Club, algo que la injustamente denostada El último samurai sí supo exprimir. Y, por otra parte, esa fascinación que América siente por el kendo como sinónimo de lo samurai queda reducido a la anticipación de un combate a espada menos espectacular que el keiko acrobático del primer acto. Lo cual a mí me hizo preguntarme ¿pero entonces por qué?  Interesante el retrato que se hace de las mujeres: ya hemos mencionado el tropo de la Banshee, esa identificación de la mujer armada con la muerte, que en la película toma forma en Yukio, una especie de trasunto de la Kitty Pride original, con bastante menos encanto y apariencia confusa. La dulce Mariko de Claremont simboliza otro tropo, el de la doncella sacrificial, la virgen indefensa. Un invento universal que no ha introducido el imaginario occidental, sino que lleva presente en la literatural popular japonesa desde el Shogunato.   Vaya souvenir guapo me he traído de Tokio, Scott Con todo y con eso, además de la peripecia incomprensible, los ninjas honorables y tal, hay algunos momentos realmente brillantes a lo largo de la película, ATENCIÓN OJOCUIDAO empezando por la delicadísima y cuidada escena de apertura. Es 1945... y resulta que es La Otra. Pena que el propio guión destroce su propia premisa de presentación de personaje. Sobre todo, y como ya he dicho que a mí de los mutantes me gustan hasta los andares y ando poniendo velas por Chris Claremont, con esta película reconciliamos a Lobezno con el universo X y le dejamos preparado para la reincorporación. Al fin y al cabo no ha habido más que una película de Lobezno en solitario. De verdad. Ninguna más. No. Era mentira. Lo hemos soñado. En serio. ¿Qué es lo peor de que la ofensa a la vista no sea para tanto? Pues que le quita el aliciente del placer culpable a un producto que es de por sí plano y con casi nula gracia. Si lo que queréis es gritar anatemas, ahorraos el dinero.

Te cagas

Las virivueltas de los kendokas no hacen más daño a la vista que aquellas de Se ha escrito un crimen. Más pupa hace el hecho de que el kendo se utilice como retrato, una vez más, del saber ancestral, porque una pirueta no hace daño pero un estereotipo sí. Resulta bastante triste que no se aprovechen más de la experiencia de Hiroyuki Sanada en el Japan Action Club, algo que la injustamente denostada El último samurai sí supo exprimir. Y por otra parte, esa fascinación que América siente por el kendo como sinónimo de lo samurai queda reducida a prefacio de un combate a espada menos espectacular que el keiko acrobático del primer acto. Lo cual me hizo preguntarme ¿pero entonces pa qué?

Interesante el retrato que se hace de las mujeres: ya hemos mencionado el tropo de la Banshee, esa identificación de la mujer armada con la muerte, que en la película toma forma en Yukio, una especie de trasunto de la Kitty Pride original, con bastante menos encanto y apariencia confusa. La dulce Mariko de Claremont simboliza otro tropo, el de la doncella sacrificial, la virgen indefensa. Un invento universal que no ha introducido el imaginario occidental, sino que lleva presente en la literatura popular japonesa desde el Shogunato.

A estas alturas el trailer ya lo habéis visto todos y a más de uno se le ha hinchado la vena del ojo.  Ah, ¿que no? Pues a solucionarlo ahora mismo:  <span class="embed-youtube" style="text-align:center; display: block;"><iframe class='youtube-player' type='text/html' width='560' height='315' src='https://www.youtube.com/embed/R71S5--vD2s?version=3&rel=1&fs=1&autohide=2&showsearch=0&showinfo=1&iv_load_policy=1&wmode=transparent' allowfullscreen='true' style='border:0;'></iframe></span>  Tampoco es tan grave la cosa. Nueva película sobre (o alrededor de) Japón. Nuevo giro en torno a los tropos habituales: muerte, honor (en este caso encarnado en, ATIENDE, un joven ninja), tradición y tecnología. un mecha. Lobezno, los mutantes, el universo Marvel en general, son en este caso un pretexto casi irrelevante. Japón siempre es un estado mental para los no japoneses.  La cosa es que, aunque hace muchos años de aquel Lobezno: honor, a mí de los mutantes me gustan hasta los andares y allí que me fui. Ya sabía que el argumento apenas tiene que ver con la trama original del personaje. Ya sabía que iba a ver un ejemplo más de kendo tróspido; y me imaginaba las ideas que la ambientación iba a verter. Ese Japón antiquísimo donde cualquier familia samurai que se precie tiene su buena colección de espadas, una casa con engawa y jardín de arena, y combinan la última tecnología con el shinto más rancio folklórico. Se junta de todo: ninjas, samurais y yakuzas en torno a Yashida, el viejo amigo de Lobezno, que en el universo original genera un conflicto similar al que se desata en esta película, con la diferencia de que el guión de Claremont se entiende.   Te cagas Las virivueltas de los kendokas no hacen más daño a la vista que aquellas de Se ha escrito un crimen. Más pupa hace el hecho de que el kendo se utilice como retrato, una vez más, del saber ancestral, porque una pirueta no hace daño pero un estereotipo sí. Resulta bastante triste que no se aprovechen más de la formación de Hiroyuki Sanada en el Japan Action Club, algo que la injustamente denostada El último samurai sí supo exprimir. Y, por otra parte, esa fascinación que América siente por el kendo como sinónimo de lo samurai queda reducido a la anticipación de un combate a espada menos espectacular que el keiko acrobático del primer acto. Lo cual a mí me hizo preguntarme ¿pero entonces por qué?  Interesante el retrato que se hace de las mujeres: ya hemos mencionado el tropo de la Banshee, esa identificación de la mujer armada con la muerte, que en la película toma forma en Yukio, una especie de trasunto de la Kitty Pride original, con bastante menos encanto y apariencia confusa. La dulce Mariko de Claremont simboliza otro tropo, el de la doncella sacrificial, la virgen indefensa. Un invento universal que no ha introducido el imaginario occidental, sino que lleva presente en la literatural popular japonesa desde el Shogunato.   Vaya souvenir guapo me he traído de Tokio, Scott Con todo y con eso, además de la peripecia incomprensible, los ninjas honorables y tal, hay algunos momentos realmente brillantes a lo largo de la película, ATENCIÓN OJOCUIDAO empezando por la delicadísima y cuidada escena de apertura. Es 1945... y resulta que es La Otra. Pena que el propio guión destroce su propia premisa de presentación de personaje. Sobre todo, y como ya he dicho que a mí de los mutantes me gustan hasta los andares y ando poniendo velas por Chris Claremont, con esta película reconciliamos a Lobezno con el universo X y le dejamos preparado para la reincorporación. Al fin y al cabo no ha habido más que una película de Lobezno en solitario. De verdad. Ninguna más. No. Era mentira. Lo hemos soñado. En serio. ¿Qué es lo peor de que la ofensa a la vista no sea para tanto? Pues que le quita el aliciente del placer culpable a un producto que es de por sí plano y con casi nula gracia. Si lo que queréis es gritar anatemas, ahorraos el dinero.

Vaya souvenir guapo me he traído de Tokio, Scott

Con todo y con eso, además de la peripecia incomprensible, los ninjas honorables y tal, hay algunos momentos realmente brillantes a lo largo de la película, ATENCIÓN OJOCUIDAO empezando por la delicadísima y cuidada escena de apertura. Es 1945… y resulta que es La Otra. Pena que el guión destroce su propia premisa. Sobre todo, y como ya he dicho que a mí de los mutantes me gustan hasta los andares y ando poniendo velas por Chris Claremont, con esta película reconciliamos a Lobezno con el universo X y le dejamos preparado para la reincorporación. Al fin y al cabo no ha habido más que una película de Lobezno en solitario. De verdad. Ninguna más. No. Era mentira. Lo hemos soñado. En serio.

¿Qué es lo peor de que la ofensa a la vista no sea para tanto? Pues que le quita el aliciente del placer culpable a un producto que es de por sí plano y con casi nula gracia. Si lo que queréis es gritar anatemas, ahorraos el dinero.

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Hemos visto: Koryu.com

Muchos siguen convencidos de kendo equivale a samurai, cuando si atacáramos de ese modo con espadas en lugar de con bambú, el “duelo” tendría más pinta de suicidio a dos que de otra cosa y duraría poco.

Evitar esta confusión, o paliarla al menos, fue a grandes rasgos el punto de partida del Iaido moderno y el Kendo no kata. Aunque no a todos les guste reconocerlo, el Seitei Iai es una base desde la que experimentar el tener una espada real entre manos. El proceso natural suele desembocar en el aprendizaje de una escuela antigua o koryu.

Lo normal es que te acabes integrando en el koryu que ya practica tu dojo. Se dan casos de turismo marcial, pero son los menos. Muchos acabamos cotilleando los koryus de otras escuelas por debajo de la puerta, y hay algún erudito que si pudiera las aprendería todas. Es en ese momento en que la curiosidad se ve desbordada por la complejidad de las escuelas y la abundancia de ruido cuando asoma en la pantalla Koryu.com.

Koryu.com es la evolución digital de Koryu Books, una editorial independiente fundada por los budokas Diane y Meik Skoss en Nueva Jersey. Tienen un catálogo muy limitado pero exhaustivo y selecto, cuyo título más importante sea probablemente Warrior Tradition, un ensayo bilingüe sobre Katori Shinto Ryu firmado por el propio Ritsuke Otake.

Salió a la red en 1996, lo que la convierte en la web de artes marciales tradicionales en inglés más antigua en activo. Koryu.com es la evolución digital de Koryu Books, una editorial independiente fundada por los budokas Diane y Meik Skoss en Nueva Jersey. Tienen un catálogo muy limitado pero exhaustivo y selecto, cuyo título más importante sea probablemente Warrior Tradition, un ensayo bilingüe sobre Katori Shinto Ryu firmado por el propio Ritsuke Otake.

Koryu.com es más bien un repositorio: una plataforma desde la que orientarse en el conocimiento del koryu de tu dojo, o ese que has visto o del que has leído algo que te ha llamado la atención. El objetivo de los editores es ofrecer sólo información veraz; en inglés para que sea accesible a gaijines y publicada únicamente después de haber sido convenientemente investigada y verificada. Tienen una guía de las distintas Ryu ha y también artículos en profundidad. Su listado de colaboradores es impresionante tanto por su extensión como por los nombres: Dave Lowry, Ellis Amdur son quizá los más conocidos en el mundo hispano.

Su área de estudio puede parecer restrictiva cuando les visitas las primeras veces, pues sólo se dedican a las escuelas antiguas, al Koryu Bujutsu. Con todo, es un campo enorme y prácticamente virgen en Occidente.

Una pega: su arquitectura de la información no es la mejor del mundo. Entrar en Koryu.com es casi como ponerse a leer un libro, y así lo han estructurado, con textos de introducción al principio y después índices onomásticos y referenciales. Bucear, sin embargo, resulta muy difícil y en ocasiones hay que echar mano de Google. Aun con todo, es un imprescindible si quieres saber qué hay tras la próxima esquina del camino.

Los miércoles pop. Se ha escrito un crimen. Kendo Killing

Resulta que hubo una guerra y los japoneses la perdieron, pero ni los bombazos ni la ocupación militar lograron que los norteamericanos entendieran de qué rayos iba Japón. Así que se han tirado 70 años intentando pasar los apuntes a limpio. En este vídeo, Jessica Fletcher viaja a Japón para explicarnos que el kendo, ese arte misterioso, milenario y ancestral, de ese país aún más misterioso, más milenario y más ancestral, puede ser peligrosísimo en las manos equivocadas.

Kendo Killing se titula este episodio de Se ha escrito un crimen (Murder, she wrote), el duodécimo de la duodécima y última temporada (DOCE TEMPORADAS) de la serie producida y protagonizada por Angela Lansbury: una escritora de novela pulp de la Tercera Edad que resuelve asesinatos. Un icono de esa década y media que llamamos Los Ochenta. Se vendió a más de 40 países y recibió nombres tan deliciosos como el italiano La signora in Giallo.

Para cuando se emitió Kendo Killing, Lansbury llevaba un tiempo produciendo la serie junto a su marido e hijo además de protagonizarla. Los argumentos de este procedimental no cambiaron desde el piloto: los involucrados en el asesinato son amigos de Jessica Fletcher, pierden a un allegado y la escritora resuelve el crimen, cuando no salva una vida más. El asesino suele ser, oh sorpresa, un señor o señora que parecía estar pasando por allí.

En Kendo Killing Jessica viaja a Osaka a visitar a su amiga Miko, también escritora pero 30 años más joven. Miko y su mejor amigo, Koji, heredero de una fábrica de motos, son presionados por sus familias, muy tradicionales (muy japonesas) para casarse, aunque ninguno está por la labor y Miko se ha prometido con Rick, piloto de motociclismo y amigo a su vez de Koji. Hacen kendo juntos y el pobre Koji experimenta una cruel muerte por tsuki a manos de un torpe que, al llevar el men puesto, le confunde con Rick.

Todas las sospechas se dirigen al hermano mayor de Miko, que no tiene ninguna simpatía por el americano. Por si no había quedado claro que es un señor muy tradicional nos lo enseñan con haori, tomando té, rodeado de katanas de todos los colores, haciendo shodo con un yoroi en el salón y un BELLO cuadro antiguo de dos samurais haciendo kendo.

Al final, el asesino, como siempre, resulta ser un personaje con poco más de dos frases: otro norteamericano, Bill Dawson. Él y su sombrero de vaquero querían hacerse con un prototipo de moto de carreras. Con el tipo en manos de la justicia, Jessica se queda unos días en Osaka para asistir a la boda de Miko y Rick, que van a establecerse en Japón, mientras la hermana de Koji por fin accede a la dirección de la empresa. El padre de Koji, por cierto, estaba interpretado por Norijuki Pat Morita, como un muy tradicional, muy feudal (muy japonés) hombre de negocios. Por el camino nos llevamos una media hora de tradiciones milenarias, samurais, caligrafía, chistes sobre comida típica, rickshaws (en serio) y reflexiones sobre el papel de la mujer en la sociedad japonesa contemporánea.

El kendo ha fascinado a los norteamericanos desde que se dio a conocer. Los inmigrantes y sus hijos tuvieron prohibida su práctica durante la segunda guerra mundial, y muy limitada después. Ocurrió con otros budos, pero el kendo provocaba la mayor aprensión. Varios trabajos académicos han tratado el asunto en profundidad, y ya hemos mencionado alguno en posts anteriores. Por encima del sentimiento de seguridad, de que existiera un riesgo real o no de aplicar las técnicas por parte de la población japonesa ocupada, el kendo por encima de todas las disciplinas emparentaba con el sentimiento de identidad. Cuando tu enemigo tiene muy claro quién es, siempre es más difícil de vencer; y más allá, cuando no tienes ni idea de quién es, necesitarás un pepino nuclear para vencerle. Y los Estados Unidos no estaban desencaminados: el fascismo japonés, en sus distintas reformulaciones, ha utilizado y utiliza el Budo, y el kendo, para construir su ideal nacionalista. Pero de Mishima y su empanada mental hablaremos otro día, que ya tengo ganas. De momento, el episodio completo se puede ver online aquí.

Los miércoles pop: ay, como el agua, ay, como el agua

Aunque los repositorios de publicidad etiquetan esta campaña como kendo, lo que vamos a ver en este anuncio tiene más que ver con el kenjutsu. Sé de al menos un colaborador de qhQ que va a flipar, y espero un comentario airado o una sesuda disertación sobre la bonita filigrana del minuto 00:09.

Este anuncio es de finales de 2010, y forma parte de la campaña americana de Schick Hydro, una marca de cuchillas de afeitar que se comercializa en España como Wilkinsons. Ya sabéis: hydro, agua, be water my friend, mantener la quietud del alma y ser suave (guiño-guiño-codazo-codazo, chicas) venga lo que venga a darnos en la cara: ya sea un bokken, una hostieja, un viril balonazo o una noche de arrumacos.

La campaña es de la agencia JWT de Nueva York y su director es español, Daniel Benmayor. Duncan MacWilliam, a cargo de los CGI de la última entrega de X Men, es el responsable del corte con agua en ese bello plano final.

Schick Hydro Razor, fotografía de la campaña 2010, dirigida por Daniel Benmayor.

Gráfica de la campaña

De momento llevamos vistas varias apropiaciones del kendo en la publicidad, que apelan ya a lo viril, ya a lo erótico. Ambas están presentes en esta campaña, aunque el spot de Benmayor va más allá. Piruetas en el aire aparte, toca un concepto que no vemos tanto en el Budo Pop: Mushin, la mente vacía. Claridad pase lo que pase. Que nada nos toque más de lo que toca el agua. La sensación de paz sigue siendo la misma a lo largo de la campaña: ya nos golpee un guante de boxeo, un balón o la camiseta de la novia, al final sólo es agua. El monólogo interior que escuchamos durante el anuncio trata de responder, inútilmente, a la pregunta quién soy, para terminar dándose cuenta de que la respuesta es irrelevante. Soy.

Schick ya había utilizado Artes Marciales en una campaña anterior, Kung Fu Bride, en 20o1 (el año del estreno de Tigre y Dragón). En el cuarto de hora que he tardado en escribir esto todo el tiempo que he investigado sobre el director, no he conseguido saber si él o sus copies practican algún arte marcial japonesa, pero que el mensaje principal esté tan relacionado con los aspectos internos de la práctica es sorprendente. O bueno, a lo mejor no. Otra vez el mito del samurai que vive armoniosamente con la muerte, y que nos atrae como moscas. El zen como exaltación última de la virilidad.