Lobezno: Inmortal. Podría haber sido peor

A estas alturas el trailer ya lo habéis visto todos y a más de uno se le ha hinchado la vena del ojo.

Ah, ¿que no? Pues a solucionarlo ahora mismo:

Tampoco es tan grave la cosa. Nueva película sobre (o alrededor de) Japón. Nuevo giro en torno a los tropos habituales: muerte, honor (en este caso encarnado en, ATIENDE, un joven ninja), tradición y samurai de plata un mecha tecnología. Lobezno, el universo Marvel en general, son un pretexto casi irrelevante. Japón siempre es un estado mental para los no japoneses.

La cosa es que, aunque hace muchos años de aquel Lobezno: honor, a mí de los mutantes me gustan hasta los andares y allí que me fui. Ya sabía que el argumento apenas tiene que ver con la trama original del personaje. Ya sabía que iba a ver un ejemplo más de kendo tróspido; y me imaginaba las ideas que la ambientación iba a verter. Ese Japón antiquísimo donde cualquier familia samurai que se precie tiene su buena colección de espadas, una casa con engawa y jardín de arena, y combinan la última tecnología con el shinto más rancio folklórico. Se junta de todo: ninjas, samurais y yakuzas en torno a Yashida, el viejo amigo de Lobezno, que en el universo original genera un conflicto similar al que se desata en esta película, con la diferencia de que el guión de Claremont se entiende.

A estas alturas el trailer ya lo habéis visto todos y a más de uno se le ha hinchado la vena del ojo.  Ah, ¿que no? Pues a solucionarlo ahora mismo:  <span class="embed-youtube" style="text-align:center; display: block;"><iframe class='youtube-player' type='text/html' width='560' height='315' src='https://www.youtube.com/embed/R71S5--vD2s?version=3&rel=1&fs=1&autohide=2&showsearch=0&showinfo=1&iv_load_policy=1&wmode=transparent' allowfullscreen='true' style='border:0;'></iframe></span>  Tampoco es tan grave la cosa. Nueva película sobre (o alrededor de) Japón. Nuevo giro en torno a los tropos habituales: muerte, honor (en este caso encarnado en, ATIENDE, un joven ninja), tradición y tecnología. un mecha. Lobezno, los mutantes, el universo Marvel en general, son en este caso un pretexto casi irrelevante. Japón siempre es un estado mental para los no japoneses.  La cosa es que, aunque hace muchos años de aquel Lobezno: honor, a mí de los mutantes me gustan hasta los andares y allí que me fui. Ya sabía que el argumento apenas tiene que ver con la trama original del personaje. Ya sabía que iba a ver un ejemplo más de kendo tróspido; y me imaginaba las ideas que la ambientación iba a verter. Ese Japón antiquísimo donde cualquier familia samurai que se precie tiene su buena colección de espadas, una casa con engawa y jardín de arena, y combinan la última tecnología con el shinto más rancio folklórico. Se junta de todo: ninjas, samurais y yakuzas en torno a Yashida, el viejo amigo de Lobezno, que en el universo original genera un conflicto similar al que se desata en esta película, con la diferencia de que el guión de Claremont se entiende.   Te cagas Las virivueltas de los kendokas no hacen más daño a la vista que aquellas de Se ha escrito un crimen. Más pupa hace el hecho de que el kendo se utilice como retrato, una vez más, del saber ancestral, porque una pirueta no hace daño pero un estereotipo sí. Resulta bastante triste que no se aprovechen más de la formación de Hiroyuki Sanada en el Japan Action Club, algo que la injustamente denostada El último samurai sí supo exprimir. Y, por otra parte, esa fascinación que América siente por el kendo como sinónimo de lo samurai queda reducido a la anticipación de un combate a espada menos espectacular que el keiko acrobático del primer acto. Lo cual a mí me hizo preguntarme ¿pero entonces por qué?  Interesante el retrato que se hace de las mujeres: ya hemos mencionado el tropo de la Banshee, esa identificación de la mujer armada con la muerte, que en la película toma forma en Yukio, una especie de trasunto de la Kitty Pride original, con bastante menos encanto y apariencia confusa. La dulce Mariko de Claremont simboliza otro tropo, el de la doncella sacrificial, la virgen indefensa. Un invento universal que no ha introducido el imaginario occidental, sino que lleva presente en la literatural popular japonesa desde el Shogunato.   Vaya souvenir guapo me he traído de Tokio, Scott Con todo y con eso, además de la peripecia incomprensible, los ninjas honorables y tal, hay algunos momentos realmente brillantes a lo largo de la película, ATENCIÓN OJOCUIDAO empezando por la delicadísima y cuidada escena de apertura. Es 1945... y resulta que es La Otra. Pena que el propio guión destroce su propia premisa de presentación de personaje. Sobre todo, y como ya he dicho que a mí de los mutantes me gustan hasta los andares y ando poniendo velas por Chris Claremont, con esta película reconciliamos a Lobezno con el universo X y le dejamos preparado para la reincorporación. Al fin y al cabo no ha habido más que una película de Lobezno en solitario. De verdad. Ninguna más. No. Era mentira. Lo hemos soñado. En serio. ¿Qué es lo peor de que la ofensa a la vista no sea para tanto? Pues que le quita el aliciente del placer culpable a un producto que es de por sí plano y con casi nula gracia. Si lo que queréis es gritar anatemas, ahorraos el dinero.

Te cagas

Las virivueltas de los kendokas no hacen más daño a la vista que aquellas de Se ha escrito un crimen. Más pupa hace el hecho de que el kendo se utilice como retrato, una vez más, del saber ancestral, porque una pirueta no hace daño pero un estereotipo sí. Resulta bastante triste que no se aprovechen más de la experiencia de Hiroyuki Sanada en el Japan Action Club, algo que la injustamente denostada El último samurai sí supo exprimir. Y por otra parte, esa fascinación que América siente por el kendo como sinónimo de lo samurai queda reducida a prefacio de un combate a espada menos espectacular que el keiko acrobático del primer acto. Lo cual me hizo preguntarme ¿pero entonces pa qué?

Interesante el retrato que se hace de las mujeres: ya hemos mencionado el tropo de la Banshee, esa identificación de la mujer armada con la muerte, que en la película toma forma en Yukio, una especie de trasunto de la Kitty Pride original, con bastante menos encanto y apariencia confusa. La dulce Mariko de Claremont simboliza otro tropo, el de la doncella sacrificial, la virgen indefensa. Un invento universal que no ha introducido el imaginario occidental, sino que lleva presente en la literatura popular japonesa desde el Shogunato.

A estas alturas el trailer ya lo habéis visto todos y a más de uno se le ha hinchado la vena del ojo.  Ah, ¿que no? Pues a solucionarlo ahora mismo:  <span class="embed-youtube" style="text-align:center; display: block;"><iframe class='youtube-player' type='text/html' width='560' height='315' src='https://www.youtube.com/embed/R71S5--vD2s?version=3&rel=1&fs=1&autohide=2&showsearch=0&showinfo=1&iv_load_policy=1&wmode=transparent' allowfullscreen='true' style='border:0;'></iframe></span>  Tampoco es tan grave la cosa. Nueva película sobre (o alrededor de) Japón. Nuevo giro en torno a los tropos habituales: muerte, honor (en este caso encarnado en, ATIENDE, un joven ninja), tradición y tecnología. un mecha. Lobezno, los mutantes, el universo Marvel en general, son en este caso un pretexto casi irrelevante. Japón siempre es un estado mental para los no japoneses.  La cosa es que, aunque hace muchos años de aquel Lobezno: honor, a mí de los mutantes me gustan hasta los andares y allí que me fui. Ya sabía que el argumento apenas tiene que ver con la trama original del personaje. Ya sabía que iba a ver un ejemplo más de kendo tróspido; y me imaginaba las ideas que la ambientación iba a verter. Ese Japón antiquísimo donde cualquier familia samurai que se precie tiene su buena colección de espadas, una casa con engawa y jardín de arena, y combinan la última tecnología con el shinto más rancio folklórico. Se junta de todo: ninjas, samurais y yakuzas en torno a Yashida, el viejo amigo de Lobezno, que en el universo original genera un conflicto similar al que se desata en esta película, con la diferencia de que el guión de Claremont se entiende.   Te cagas Las virivueltas de los kendokas no hacen más daño a la vista que aquellas de Se ha escrito un crimen. Más pupa hace el hecho de que el kendo se utilice como retrato, una vez más, del saber ancestral, porque una pirueta no hace daño pero un estereotipo sí. Resulta bastante triste que no se aprovechen más de la formación de Hiroyuki Sanada en el Japan Action Club, algo que la injustamente denostada El último samurai sí supo exprimir. Y, por otra parte, esa fascinación que América siente por el kendo como sinónimo de lo samurai queda reducido a la anticipación de un combate a espada menos espectacular que el keiko acrobático del primer acto. Lo cual a mí me hizo preguntarme ¿pero entonces por qué?  Interesante el retrato que se hace de las mujeres: ya hemos mencionado el tropo de la Banshee, esa identificación de la mujer armada con la muerte, que en la película toma forma en Yukio, una especie de trasunto de la Kitty Pride original, con bastante menos encanto y apariencia confusa. La dulce Mariko de Claremont simboliza otro tropo, el de la doncella sacrificial, la virgen indefensa. Un invento universal que no ha introducido el imaginario occidental, sino que lleva presente en la literatural popular japonesa desde el Shogunato.   Vaya souvenir guapo me he traído de Tokio, Scott Con todo y con eso, además de la peripecia incomprensible, los ninjas honorables y tal, hay algunos momentos realmente brillantes a lo largo de la película, ATENCIÓN OJOCUIDAO empezando por la delicadísima y cuidada escena de apertura. Es 1945... y resulta que es La Otra. Pena que el propio guión destroce su propia premisa de presentación de personaje. Sobre todo, y como ya he dicho que a mí de los mutantes me gustan hasta los andares y ando poniendo velas por Chris Claremont, con esta película reconciliamos a Lobezno con el universo X y le dejamos preparado para la reincorporación. Al fin y al cabo no ha habido más que una película de Lobezno en solitario. De verdad. Ninguna más. No. Era mentira. Lo hemos soñado. En serio. ¿Qué es lo peor de que la ofensa a la vista no sea para tanto? Pues que le quita el aliciente del placer culpable a un producto que es de por sí plano y con casi nula gracia. Si lo que queréis es gritar anatemas, ahorraos el dinero.

Vaya souvenir guapo me he traído de Tokio, Scott

Con todo y con eso, además de la peripecia incomprensible, los ninjas honorables y tal, hay algunos momentos realmente brillantes a lo largo de la película, ATENCIÓN OJOCUIDAO empezando por la delicadísima y cuidada escena de apertura. Es 1945… y resulta que es La Otra. Pena que el guión destroce su propia premisa. Sobre todo, y como ya he dicho que a mí de los mutantes me gustan hasta los andares y ando poniendo velas por Chris Claremont, con esta película reconciliamos a Lobezno con el universo X y le dejamos preparado para la reincorporación. Al fin y al cabo no ha habido más que una película de Lobezno en solitario. De verdad. Ninguna más. No. Era mentira. Lo hemos soñado. En serio.

¿Qué es lo peor de que la ofensa a la vista no sea para tanto? Pues que le quita el aliciente del placer culpable a un producto que es de por sí plano y con casi nula gracia. Si lo que queréis es gritar anatemas, ahorraos el dinero.

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Así nos ven. Fernando Hugo Rodrigo Blanco, guionista (primera parte)

De vez en cuando mis amigos vienen a visitar el dojo cuando pasan por Madrid. El éxito de las visitas ha sido más bien nulo a efectos proselitistas, pero he convencido a uno para que nos cuente cómo somos desde su punto de vista. Fernando Hugo Rodrigo Blanco es guionista de cine y TV, y esto es lo primero que escribió en su blog, como narrador audiovisual, sobre nuestros QUÉS.

Todos tenemos nuestras pequeñas cápsulas de vida encajonadas en rutinas. Más, a medida que envejecemos, pero he aquí que, de cuando en cuando, uno tiene la suerte de topar con todo un universo que, si no es “alternativo” en el grado que tiene este adjetivo en la ciencia ficción, sí que te pone en contacto con una forma de vivir tan diferente a la tuya que no puedes sino hacerte preguntas.

Y hacerte preguntas es un método estupendo para aproximarte a un proyecto de guión.

Pese a mi usual desconfianza acerca de las bondades de las nuevas tecnologías, reconozco que en esto Twitter me ha traído ventajas, ya que ha sido a través de él que la conociera yo hace dos años, más o menos a @cristaljar  (y el otro proyecto lo estoy trabajando con otro compañero twitero, @SamuelDalva). Arancha me dio la oportunidad de sumarme a un proyecto que le llevaba viajando por las neuronas años y que proviene de un interés personal en un tema: las artes marciales.

En cuanto a la webserie, en principio, mis funciones como guionista eran las habituales, entre otras cosas, porque había cierta prisa. Había un concurso por ahí, y una fecha de entrega, y eso asienta muy bien las prioridades: personajes, tramas, subtramas, giros… Desarrollamos la propuesta de ficción, y, cuando nos dimos cuenta, casi lo teníamos al dente.  Claro, habrá que revisar, rescribir, afinar, pero la historia a la que aspirábamos está ahí. Nunca habíamos trabajado juntos. No vivimos en la misma ciudad. No nos conocemos, ya digo, desde hace tanto, y, siendo realistas, ni siquiera hemos hablado en persona en tantas ocasiones.

Y, sin embargo, “entré” en su mundo con relativa facilidad. Esto, creo, es fundamental para un trabajo entre dos (o más) guionistas: comprender lo más rápido que se pueda, no ya las intenciones de un proyecto, sino su tono. Y, si me apuran, hasta exactamente qué ronda la cabeza de tu compañero (no digamos ya, el de tu jefe) antes de que se refleje del todo en el Word, el PDF, o el Celtx.  Pero no es sencillo. No lo es porque, sorpresa, todos tenemos bastantes más diferencias de las que creemos. No nos obsesionan las mismas cosas.

No vemos ni nos gustan el mismo cine o series, ni nuestros intereses son tan similares, ni nuestras rutinas particulares, tan iguales. La edad y el país y su coyuntura sí, puede que nos acerquen, pero menos de lo esperado. Sí, casi todos estamos en paro o tenemos problemas de trabajo. Sí, casi todos estamos ya en un momento en que o nos hemos casado o tenemos pareja estable y hasta puede que tengamos hijos. Pero ni siquiera esta circunstancia social tan “equiparadora” expulsa peculiaridades en nuestro día a día.

Y eso es lo interesante. O, mejor dicho, es lo interesante si somos capaces de ver que es justo eso: interesante. Las historias también están ahí fuera. Donde se origina lo que es diferente. Lo que es curioso. Fuente de preguntas.

Arancha practica artes marciales. Kendo Iaido. ¿Qué? Bueno, yo tampoco sabía qué era. Arancha practica estas dos disciplinas desde hace años. Cuando lo supe, me sorprendí. Me sorprendí por un detalle muy concreto: yo nunca podría.

Campeonato de kendo de Madrid 2011

¿Da miedo? Bueno. Lo que se desconoce siempre lo da, un poco ¿Pero no genera también curiosidad?

Encuentro que esto es una forma de aproximarse a la realidad de los otros. Otra, por supuesto, es la de “yo nunca lo haría”, pero eso me parece que contiene una especie de juicio. Un tanto de ese cinismo o superioridad del que cree que su vida, sus intereses, las decisiones que toma, son una especie de norma, y las de los demás, algo ajeno, incomprensible, cuando no estúpido. Ya conocen esa actitud: sobrevuela blogs de toda clase. Más, si son blogs “ideológicos”.

Pero con esa postura, es improbable que un guionista (o cualquiera que haga algo creativo) esté escuchando de veras a la otra persona. Es como ese turista, por otro lado tan extendido, que lleva una cámara que dispara fotos digitales a troche y moche igual por un paisaje que por un monumento que por algún tipo de ceremonia étnica. Miras pero no ves. Oyes, pero no escuchas. Pasas por allí, y vuelves a tu redil, y te congratulas de que has conocido mundo. Pero tu mundo sigue igual que antes con lo que en verdad no has conocido nada.

Arancha practica artes marciales y yo quería saber por qué. Quería y quiero saber, también, por qué se ha convertido al Islam, pero aún quedan muchos años, y proyectos posibles, con lo que mi amistad con ella tiene ocasión de crecer.

Y esto es Iaido. La imagen no transmite, no puede, todo lo que de fascinante y bello tiene este arte marcial.  Campeonato de España de iaido 2010

Y esto es Iaido. La imagen no transmite, no puede, todo lo que de fascinante y bello tiene este arte marcial.

Pero ahora mismo este proyecto, en su faceta documental, trata sobre las artes marciales. Y cuando aquello que sólo tenía ficción pasó a ser una cosa más transmedia, las posibilidades florecieron. Una forma de que algo que tú encuentras interesante se convierta en interesante para un futuro y potencial espectador es que puedas situarte, desde el principio, en la misma casilla de salida.

Y esa casilla de salida es siempre una pregunta. Bueno, una que abra todas las demás.

¿Quiénes son, todas estas personas que, en vez de descansar y relajarse, tras un día duro de trabajo van a un gimnasio (la palabra “técnica” es dojo) a castigarse el cuerpo? ¿No es lo bastante dura ya, la vida? ¿Y qué tiene esa filosofía oriental, que tan poco conocemos, y que tan mal interpretamos, más, en estos días en que la moda es la oposición a todo pensamiento un poco trascendente?

Todo se explica recordando ese estupendo título (y no menos estupendo relato) de Robert Heinlein que se titulaba “All of you zombies”. La historia hace uso de lo saltos temporales y de las incoherencias que produce. Pero aquí la clave es la postura del (no atípico, en Heinlein) protagonista: como, al final, cada ser con quien tiene relación derivan de él mismo, todos los demás, todos los que no sean “él”, son desconocidos, y, por tanto, un Otro demasiado “extraño”; demasiado “ajeno”. Merecedor de ese calificativo despreciativo: todos, menos él, son zombies. Todos los demás.

Pero como no parece adecuado ese vía hacia la misantropía, diría que el camino es el opuesto. Preguntarse quiénes son estos “otros”. Y si eso se convierte en una forma de desarrollar un proyecto creativo, miel sobre hojuelas. Arancha se ha embarcado en una historia que serán, además, varias historias, y lo hace porque es parte de su vida. Yo la acompaño porque quiero entenderla, y entender, un poco, no crean, eso tan complicado que es todo lo que queda fuera de la mente de uno mismo.

Una de Almodóvar

Cuantos tratan (tratamos) el cine de Pedro Almodóvar como de marciano deberían, en justicia, repasar más de cerca sus personajes. La que nos interesa hoy es Gloria. Es señora de la limpieza en un gimnasio, está casada con un taxista que se ha traído a su madre del pueblo, y tiene dos hijos a los que no sabe muy bien cómo dar de comer pasado mañana. Con esto, Fernando León os haría un drama de mucho llorar y concienciarse a tope. Fernando Colomo una comedia, trasladando la acción a Lavapiés. Y Fernando Trueba otra, más romántica y mucho más burguesa. Almodóvar decidió llevarse al extrarradio un thriller neorrealista donde el arma homicida resulta ser una pelada y requetepelada pata de jamón.

¿Y el raro es Almodóvar? ¿En serio?

Hay mucho de disparatado en Almodóvar. Es lo que le ha convertido en género. En ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (1984) hay un lagarto llamado Dinero (aunque si eres manchego eso es costumbrismo), unas falsas memorias de Hitler, un camello de doce años, telequinesis, un dentista que cobra una ortodoncia quedándose con el chavalín, que la madre ya las pasa bien putas para darle de comer y al fin y al cabo tiene otro. Y además, Hiruma sensei:

El que véis no es el primer dojo de kendo que hubo en Madrid, pero sí uno de los pioneros. Hiruma sensei continúa enseñando en Barcelona. Entre los alumnos que salen echando pestes de la paliza que les ha dado, el que tiene frase se llama Manuel Murillo y todavía entrena.

Consigue Almodóvar en su libertad integrar elementos aparentemente dispersos en un entorno costumbrista que los unifica. Ese universo que permite que una señora que sobrevive junto a la M30 pueda tomar conciencia de sí con una katana de bambú en la mano. Sorprendentemente, hay poco escrito sobre esta película y el uso del kendo como catalizador visual del malestar existencial. Cinematográficamente el kendo sigue siendo carne de documental y siempre, siempre, narrado con la misma épica, una y otra vez. Ésta es una de las excepciones. Los kendokas calientan, sufren, se duchan y salen protestando con la bolsa a cuestas. La heroína, la mujer guerrera de este cuento, sigue fregando los vestuarios.

Dedicar tiempo a uno mismo, a kendo o a lo que fuera, para Gloria y las mujeres de su vecindario estaba por encima de todo alcance. Gloria hace horas en casa de un matrimonio de novelistas que se dedican básicamente a aburrirse como monas. Su marido echa culo en el taxi añorando tiempos y polvos mejores en Alemania. Como los hombres almodovarianos, culpa de su incapacidad o de sus malas decisiones a la mujer, que no tiene tiempo para lamentar su infelicidad, estando muy entretenida ya con sacar adelante su casa de mierda. Historia que repite en sus melodramas de los 90 o en Volver, filmada cuando Almodóvar ya había trascendido el propio Asunto Almodóvar y las señoras de Calzada de Calatrava le hacían la ola y le pellizcaban los carrillos, y con razón.

Desconozco qué llevó a Almodóvar hasta los kendokas de la calle Doctor Flemming (el exterior que abre la película no se corresponde con el interior real), pero el shinai y el kirikaeshi canalizan la frustración vital de Gloria, que anda ya desde el primer minuto blandiendo una fregona en el rincón. Con el último cuarto de la película, Gloria ya ha dejado la fregona y ha cogido el shinai: ya se ha cargado al marido, ya se ha convertido en la Banshee de la trastienda de La Movida, y termina en el mismo sitio donde empezó. Pero haciendo, en vez de mirar desde la esquina.

El post de La Fortaleza Escondida

¿Cómo se representa al samurai en la ficción? Entre miércoles pop y miércoles pop vamos a ir viéndolo de vez en cuando. El análisis fílimico se lo dejamos a los que saben, y aquí nos vamos a enredar con las cosas que nos gustan.

Hacia el final del segundo acto de La Fortaleza Escondida, los protagonistas son descubiertos y atacados en medio del bosque. El pánico se apodera de los dos campesinos, Tahei y Masakishi, y el General Rokurota Makabe se dispone rápido a proteger a la princesa Yuki.

La princesa, sin embargo, se sienta en un tocón.

Ya nos habían dicho al principio que el comportamiento de Yuki Hime sería inusual: su padre el Daimyo la educó como a un varón y la preparó para heredarle. Monta a caballo, grita, se cabrea y baila. No llega a tocar una espada ni una alabarda: su arma favorita es una irónica vara de bambú. Pero da igual: no tenemos duda de que estamos ante una guerrera. Nos lo dice la escenografía: una samurai de principio a fin.

Escena final de La Fortaleza Escondida (1958) de Akira Kurosawa, con Toshiro Mifune. Este plano os recordará a Star Wars, y con razón.

en el castillo
(sí, en efecto)

Fotograma de La Fortaleza Escondida (1958) de Akira Kurosawa, con Toshiro Mifune.

en el escondite

O puede que no.

D. Trull escribe sobre La Fortaleza que, siendo el más jidai-geki de los jidai de Kurosawa, no lo es en el retrato de sus personajes: ni Yuki es una doncella inocente ni Makabe es simpático o siquiera heroico; y los dos se pasan la película con los pantalones arremangados, como un campesino cualquiera. No es algo nuevo: La Fortaleza es de 1958, posterior a Los Siete Samurai y a Donzoko, que también contaron con Toshiro Mifune encarnando a samurais guñones, borrachos, que no tenían etiqueta ni la conocieron. Precisamente es a través de sus antihéroes como Kurosawa explora el concepto del honor, que él asocia siempre a la lealtad. También en su obra de ambiente moderno: si alguien no ve que Duelo silencioso es un drama samurai, es que no sabe de qué van las películas de samurais.

En este caso, Makabe y Yuki no son ronin sino fugitivos disfrazados, pero su condición de nobles también es puesta en cuestión durante el viaje. Yuki Hime asume su deber no sólo para con su familia sino para con la humanidad: es la muerte de otra adolescente, la hermanita de Makabe, la que le da la oportunidad de sobrevivir y contraatacar, y condicionará su relación con los dos campesinos, con sus generales, y con el resto de la población. Kurosawa, dado a la metáfora, hace a la princesa jugarse el pellejo para salvar a una campesina de su edad.

Probablemente, lo que la escenografía nos dice es que Yuki tiene el espíritu, pero la posición tiene que ganársela. Es la misma princesa en el tocón y en el palacio, pero ya no es la misma persona.

Tampoco es convencional el uso de las armas. La Fortaleza Escondida es un drama de época (jidai-geki), no una “película de katanas” (Chanbara, género de acción, pero no necesariamente sobre samurais). Apenas hay combates. Makabe desenvaina una vez y no corta  a nadie (para eso hay que esperar a Yojimbo). Yuki se las apaña con una vara de bambú. Y, sin embargo, la intencionalidad de ambos elementos es clarísima:

Cartel original en japonés de  La Fortaleza Escondida (1958) de Akira Kurosawa, con Toshiro Mifune. Logo de la Toho en la que fue su última producción con Kurosawa

Cartel original de la película

A pesar de la mística que relaciona al bushi con su espada, los instrumentos de batalla a partir del periodo Edo eran la alabarda, el arco y el arcabuz. El arma icónica de las mujeres de casta samurai era la naginata. Si entraban en combate lo hacían para tener ventaja y resultados, no para relacionarse místicamente con nada.

Fotograma de La Fortaleza Escondida, de Akira Kurosawa (1952) con Toshiro Mifune y la princesa Yuki con su vara

Poder de la vara

Pero esta vara de bambú sí es un símbolo, no un arma. Es una espada. Yuki no puede ir armada puesto que va disfrazada de campesina, pero la vara representa ese rango que se está ganando por el camino. En otro fotograma famosísimo, el estandarte de su padre se sobreimpresiona sobre el rostro de la joven. Otro atributo samurai, y eminentemente masculino.

El cine histórico de la época no representaba a las mujeres nobles de esa manera: hasta los años 60, la característica que define a estos personajes es el pudor. Yuki, ya lo hemos dicho, no se representa pudorosa, ni física ni emocionalmente; y abre la puerta a esas heroínas pulp de la década siguiente.

La vara de Yuki me recuerda a las viñetas de Forges, cuando doña Concha persigue al inútil de su marido con una batidora de mano. En una película sembrada de elementos humorísticos, este es probablemente el único que se permite la protagonista.

Antes refería que si alguien no ve Vivir o Duelo Silencioso como películas de samurais es que no sabe de qué van las películas de samurais. Kurosawa sostuvo siempre que con La Fortaleza quería entretener y nada más, pero las metáforas y la subversión de la iconografía siguen siendo suyos, y de sus guionistas habituales: Ryûzô Kikushima (Trono de Sangre) y Hideo Oguni (Vivir y Los siete samurais). Nos demuestran de nuevo que eso que llamamos honor o valor no tiene nada que ver con la clase, el género, la época o la posición internacional de un país como Japón, intentando entenderse a sí mismo desde entonces.

 Referencias

No estáis contentos con nada

Algunas apropiaciones pop del kendo viralizan rápido. La suerte de este vídeoclip, que tiene ya unos años, ha sido dispar. Muy pocos aprueban ver al campeón de Bélgica y su esposa dándole muy duro al nuki mientras Lize Accoe canta put your hands between my legs and I’m sure I’m going to get high…

Firmaban esto los flamencos DelaVega, formación que arrancó en 2004 con este tema, Surely, y que se disolvió en 2007. Surely es su canción más conocida, recibió críticas más que elogiosas en el círculo de la música independiente europea, y el vídeoclip fue nominado en el Cut Film Festival de Brighton precisamente por todo lo que me hace amarlo, y a muchos kendokas odiarlo: sus contrastes. “Un aire a Kill Bill sin adulterar” (bueno, aquí la crítica patinó un poco); paisaje industrial, blancura de hospital y la luz saturadísima mientras dos samurais contemporáneos combaten _casi casi llegados desde una realidad diferente_. Bajo, cuerdas y metal convierten su geiko en dub jazz.

Desconozco si alguno de los miembros de DelaVega tenía relación con el budo, aunque intuyo que, de no ser así, quedaron fuertemente impresionados. No sólo rodaron el clip con el dojo Ko Jika de Gante sino que dedicaron al kendo la portada de su EP. El joven de la foto también aparece en el vídeoclip, aunque sus protagonistas son inequívocamente los dos guerreros: Wesley Haecke y su mujer, Yano Chieko. El detalle aumenta el… calor, por así decirlo, del trabajo, pues la canción gira, como hemos dicho, en torno a la seducción:

I don’t know why
you always try to deny
this intensively
journey of two bodies
with one mind.

¿Y quién no ha tenido ese subidón en un geiko? ¡Porque yo sí!

Sin embargo, como decía, el vídeo despierta suspicacias en todos los idiomas. “¡La letra no tiene nada que ver con el kendo!” “¡Es pop, no es el espíritu samurai!” “Pero pero pero… ¡si dice que le ponga LA MANO AHÍ!” “Qué pena que salga una gorda” (mi favorito). Me temo que los occidentales estamos poco acostumbrados a las obras que toman elementos del Budo con algo de distancia. Hay muchos más ejemplos en Japón, que iremos viendo; pero muy pocos por aquí. Resulta paradójico que lo que más incomode a los occidentales sea la combinación de sexo, kendo, saxos y guitarras.  Porque ése el problema: que no hay ikebanas sino regletas de enchufes, baldosines en vez de madera de roble, tuberías en vez de paulonias y que todo en este trabajo es anti-japonés.

O al menos, contrario a la idea que tenemos de lo japonés. En realidad, la melodía tiene muchos puntos en común con las músicas icónicas del género, sin ir más lejos el Shura no Hana de Lady Snowblood _y en definitva de Kill Bill, ya que lo menciona el crítico_. Tampoco vienen a descubrir la rueda: la metáfora del sexo como combate es tan vieja como el mundo. El Kuinumi, la leyenda fundacional de Japón, incluye un coito y una lanza. Y en la cultura popular contemporánea tenemos tantos ejemplos como queramos. A mí me gusta este: kendo no hacen, pero tiran un edificio.

Alguno podrá argüir que el clip representa al kendo en un entorno falso. No sé qué podemos entender por falso, pero, ejem, sin acritud: nuestra espada es de madera. Venga ya: ¿no hay nadie más en la sala harto del tambor y de la flautita al final?