5, 4, 3, 2, 1… ¡kendo!

Nos hemos mudado. Puedes leer este post (y muchos más) en http://quehacesque.es/5-4-3-2-1-kendo/

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By Danimaru. Kendo School 4: ponte el bogu

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Viene de…

Kendo School 4: ponte el bogu, by Danimaru. Kendo comics en español.

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Lárgame un cilindrín, kendoka

La compañía es (era) la británica Wills. Querían vender un tabaco suave y delicado como la seda. Viril como un guerrero. Lejano como el Sol Naciente. Querían vender aquello que, como la propia compañía, casi a punto de cerrar, estaba ya desapareciendo. Querían vender el Imperio.

wills cigars

Nos encontramos en este anuncio nostalgia doble. Una marca familiar que, como en España la Mirinda o los Celtas, no existe más que como icono; un elemento cultural imposible ya a todos los efectos: la publicidad de tabaco. En Gran Bretaña las restricciones comenzaron en 1970, por lo que probablemente nos encontremos ante una de las últimas campañas de la casa (máxime si tenemos en cuenta que desapareció en 1988). Wills forma parte ahora del coleccionismo vintage, y por anuncios como este se llegan a pagar cantidades importantes.

Si el whisky Suntori nos vendía un tortazo en la cabeza en forma de men, el kendoka de Wills nos vende reposo del guerrero. Una vez conquistado Oriente (porque, observemos, el tipo es lo más anglo que podían encontrar), se quita el bogu y se echa un cigarrito, que se lo ha ganado:

El kendo va más allá de cortar la cabeza de tu adversario, eso se da por descontado. El verdadero arte recae en mantener la calma, una actitud filosófica mientras cortas. Y en Will’s estamos muy satisfechos de comprobar que nuestro hombre puede relajarse y fumarse un cigarro entre combate y combate. ¿Y por qué no? Después de todo, los cigarrillos Will’s son suaves y están hechos para fumar sólo cuando te apetece, por un precio justo. […] Porque Will’s sabe para quién hace sus cigarros: pregúntale a cualquier miembro del bugoku kwai.

No tengo ni idea de qué es el Bugoku Kwai: después de un rato en Google Images mientras se enfriaba la crema de calabacín cotejar varias fotografías, he acabado concluyendo que el modelo podría ser Alan Tattersall, hoy Iaido hachi (8) dan hanshi, pues el perfil es similar. Tattersall no practica kendo, pero es representante designado en Gran Bretaña del Nippon Butokukai.

En realidad más que un Anjin san llegado a Cipango, este señor en actitud casual parece haberse calzado el bogu por primera vez y con las mismas ponerse a repartir bambú. Frente a las asunciones de Oriente por parte de otras manifestaciones publicitarias del budo, aquí nos encontramos con un conquistador. Si no puedes vencerle, únete a él. Déjate colonizar. Es más guapo, más alto, es blanco y hace lo tuyo mejor que tú. El matiz es que las colonias ya eran independientes y el mundo estaba dominado, para cuando se imprimió este anuncio, por una antigua colonia, los Estados Unidos. A lo lejos, Cipango se preparaba para su particular conquista de Europa en los 80. Su maestría es una ilusión. Puede que él lo sepa, puede que el próximo vaya a ser su último keiko. Puede que en Will’s también lo supieran, y antes de cerrar para siempre se echaron un piti.

Este post existe gracias a la generosidad de Nico, del dojo Kendo Tenerife Santa Cruz.

¡Los viernes, a la batalla! El yoroi o armadura japonesa

Por Javi Rodríguez

¿Habéis pensado alguna vez, al poneros el bogu, cómo sería caerse de un caballo con una armadura de 30 kilos, levantarse y pelear en mitad de un barrizal? Pelear a muerte, entre matorrales, raíces y piedras. Cuán diferente a hacerlo sobre la superficie estable del dojo; y aun así tropezamos, caemos y chocamos. Nuestra vida no corre peligro, pero nuestra atención y concentración deberían ser las mismas que si estuviéramos en plena batalla.

Y tras esta reflexión fruto de mis muchos tropiezos, errores y bajadas de guardia vamos al asunto de las armaduras, sin pretender en ningún momento sentar cátedra: más bien a modo de curiosidad.


¿Tú también te has preguntado cómo sería vestir un yoroi y pelear con él? esto es Yagyu shingan ryu en el Budokan (2005)

La armadura es en todo momento un reflejo de las armas usadas en combate. El armamento defensivo nace con las primeras armas, tanto defensa estática (un fuerte) como móvil (escudos, armaduras rudimentarias de huesos, pieles o corteza de árboles). En Japón, el máximo desarrollo de las técnicas de combate y armamento tuvo lugar en la época anterior al período Edo, cuando las contiendas se libraban en los campos de batalla por soldados equipados con armaduras. Tras la unificación de Japón y el Shogunato Tokugawa las batallas pasaron a librarse en las calles y castillos en forma de intrigas, asesinatos y revueltas, lo que supuso el detrimento del uso de la armadura y la evolución de las técnicas de esgrima a las más propias del cuerpo a cuerpo ligero.

Los modelos de armadura evolucionan con la cultura, la época y las armas de las que protegen. Lo que entendemos por armadura japonesa es el modelo predominante en los siglos XIII y XIV. La elección de los materiales es un factor sumamente importante en el que no sólo ingluye el grado de protección requerido sino también el clima. Japón es una región muy húmeda y los metales, que se oxidan sin un mantenimiento adecuado, no eran la mejor opción, de modo que se empleaba madera laqueada y cuero. Se conservaban mejor y además conferían mayor flexibilidad y movilidad, y consecuentemente un equilibrio entre ligereza y protección.

Incluso la cota de malla tan popular en la Europa medieval podía resultar un inconveniente en determinadas situaciones. Las armaduras occidentales  experimentaron un desarrollo espectacular entre los siglos XIV y XV, gracias en gran medida a los maestros armeros italianos (este es el modelo de armadura que perdura en el imaginario popular hoy día).

Las armaduras más pesadas las solían vestir guerreros a caballo: en la Batalla de Agincourt (1415) los caballeros que se caían de sus monturas no podían levantarse del fango ni defenderse de enemigos que portaban armaduras más ligeras.

Algunas autoridades critican el modelo de armadura encajada (atando las piezas con cordeles) usada en Japón. El Tanki Yoriakutratado sobre armaduras de 1735, dice que los encajes apretados, una vez mojados por la lluvia o la inmersión en un río, se volvían muy pesados y no se secaban con rapidez. El peso volvía a la armadura opresiva y en invierno podía hasta congelarse. Además, aunque se limpiase, no se conseguía eliminar el fango por completo, lo que daba lugar a problemas de higiene y salud. Otra de las críticas a este modelo de armadura era que los encajes podían retener puntas de flecha o lanza en lugar de dejarlas resbalar (¡así que ya sabéis, nudos pequeños al ataros el Do!)

Lo que sabemos del uso de la armadura nos llega a través de escuelas que aun enseñan a combatir con ellas, como Yagyu Shingan Ryu, Tenshin Shoden Katori Shinto Ryu y Shojitsu Kenri kataichi Ryu, y de manuales sobre cómo ponerse la armadura uno solo, cómo sentarse y moverse con ella puesta, ya que se podía prescindir de diferentes elementos según las circunstancias del combate:

  • Trepar o escalar fortificaciones.
  • Luchar en el agua.
  • Estar herido o demasiado cansado para aguantar el peso de la armadura.

Dichas escuelas basan algunas de sus enseñanzas en las técnicas de combate con yoroi, y sus estrategias tratan de aprovechar los puntos débiles de la armadura.

Donn Draeger (con yoroi) y Otake sensei practicando Katori Shinto-ryu kenjutsu kata en Hawaii. Fuente: eBudo

Donn Draeger (con yoroi) y Otake sensei practicando Katori Shinto-ryu kenjutsu kata. Fuente: eBudo

El yoroi siguió evolucionando, haciéndose más ligero y flexible, con menos trenzado; e incorporando en algunas partes metal laqueado, lo que hacía a la armadura menos vulnerable a las armas de fuego y al metal resistente a la oxidación. Durante la Pax Tokugawa el kenjutsu siguió desarrollándose y dio lugar a nuevas y gráciles técnicas. Fue en el primer cuarto del siglo XVIII cuando comenzó a desarrollarse el equipo de protección: ejemplos de esto son los onigote de Onno ha Itto ryu, o el fukuro shinai de Yagyu Shinkage Ryu (shinai recubierto de cuero laqueado). Ya en el siglo XIX se produjeron nuevos avances como la invención del yotsuwari shinai (formado por 4 láminas de bambú).

Oni gote. Esto sí que es un koté. Ono Ha Itto Ryu en el Kioto Taikai 2008 (c) The iaido journal

esto sí que es un koté. Ono Ha Itto Ryu en el Kioto Taikai 2008 (c) The iaido journal

También el Do evolucionó, reforzándose en bambú con cuero que posteriormente se lacaba. (Actualmente el coste del equipo, ya de por sí caro, se ha abaratado utilizando en algunos casos pieles sintéticas y plástico). Además en climas muy secos el bambú no resultaría una buena elección como material, ya que su resistencia se vería muy mermada. 

En cuanto a otras partes de la armadura con las que los kendokas estamos menos familiarizados pero que también se usan, en la práctica de naginata moderna (atarashi naginata) se utilizan grebas (tsune-ate/ espinilleras) como parte del equipo de protección. En la práctica actual la función de los equipos de protección es cubrir las zonas a las que atacaríamos si combatiésemos sin armadura.

Al fin y al cabo no tendría mucho sentido atacar zonas protegidas, ¿no?

Referencias:

Koryu, escuela antigua. Ed. Shinden, 2007

Secretos de los samurais. Ed. Paidotribo, 2006

Revista Desperta Ferro, nº16: “la Italia de los condotieros”. Ed. Desperta Ferro
Armas y técnicas belicas del samurai. Ed. LIBSA 2009
Kendoworld