¡Eeeeeeh, que Shin Chan hace kendo!

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El pincel y el shinai: hablando con Danimaru Kogan

men-nuki-men-by-denimaruNo le conocéis, pero os mandáis sus dibujos y los publicáis en vuestros muros. En pocos meses se han viralizado y se han convertido en un fenómeno internacional, con publicaciones en webs budokas inglesas o rusas. Entre viñeta y viñeta quería hacer kendo, pero no había ningún dojo en la región colombiana de Tolima: así que se fue a buscar un profesor a Bogotá. Ése fue el origen del club de kendo y iaido Bokuto Kai.

Se llama Daniel Kogan. Firma como Danimaru, y hemos hablado con él (en realidad hemos chateado por Facebook, pero es igual).

¿Y por qué kendo?
Antes de conocer el kendo solía entrenar kung fu, hapkido, que empecé a practicar a los 13 años; taekwondo, algo de judo y algo de aikido, que aprendí a través de un gran amigo mío. Pero ninguna de estas artes era de mi gusto: la verdad, quería aprender el arte de los samurais, y así poderme inspirar para los cómics que quería hacer.

Conozco a mucha gente que dice estar fascinada por Japón, pero a nadie que reconozca que empezó en kendo porque quería hacer manga. 
El kendo me empezó a gustar por los samurais y esas grandes hazañas que los hacían legendarios. Cuando descubrí el iaijutsu, y el iaido que se practica hoy en día, tuve mucho interés en practicarlo. Una técnica que trataba más que todo la velocidad: el primero en sacar la espada era el vencedor, como en los duelos de vaqueros.

El asunto es que el kendo tiene algo que otras artes marciales no tienen, y es la etiqueta en todo. Ser reservados, no llevarnos por las emociones. Si ganamos no mostramos alegría y orgullo… no lanzamos el men al aire, por decirlo, como otros deportistas que lanzan su casco al aire cuando ganan o se echan a llorar cuando pierden, o llegan a pelear.

Me contacté con un sensei por Internet y nos conocimos en la Feria del Libro de Bogotá. Se interesó en ayudarnos, nos visitó en Ibagué y nos dio un seminario de iaido, más adelante kendo. Después fundamos nuestro propio club, el primero en Ibagué. Tenía 24 años: me habría gustado empezar mucho antes, pero…

Dibujo de Daniel Kogan para su club de kendo, el Bokuto Kai de Ibagué, Tolima, Colombia.Cuando Daniel habla de su club no te imaginas el nivel de disciplina que requiere, hasta que sigues chateando y te cuenta cómo trabajan:

En Ibagué no tenemos sensei. Nos visitan Leonardo (López, Bogotá), Marco o Cuéllar (Daniel, Cundinamarca), y organizamos el entreno solos. Nos juntamos los sábados, cuando nadie tiene obligaciones, y yo coordino la clase, con mokuso, reiho, calentamiento y técnica.  Hace poco empezamos a trabajar men pequeño.

Cinco años de samurai, entonces. ¡Evolucioné! Empecé a participar en torneos en otras ciudades, hice mi primer examen (segundo kyu), experimenté más duros golpes de otros senseis y sus pesadas prácticas, que algunas veces me hicieron llorar, jeje. 

Pienso que de ahí poco a poco comencé a entender el verdadero camino de la espada y a diferenciar la realidad y la ficción que rodea este arte: como todo, uno antes se dejaba llevar por las películas y el anime. Ahora ha llegado gente al club que también tenían esa afición, pero con la práctica y el estudio borran la ignorancia. Algunos, cuando reciben sus primeros golpes se desmotivan y no regresan…

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Pero el interés por la cultura japonesa continúa, ¿no?
Es como que todos anhelaríamos algún día ir al País del Sol Naciente y tomar fotos por allá, al lado de un templo o una estatua de algún personaje histórico. En mi país, lo único que tuve contacto con algo japonés antes de kendo fue cuando conocí a un japonés que se dedicaba a la caligrafía y escribía nombres en una Feria del Libro. Mucho antes atrás, cuando tenía 13 años, conocí a unos amigos fascinados por las historias de samurais. De ahí comencé a investigar sobre ellos y a dibujarlos.

Más que Japón me fascina la Historia. Los anime del periodo Edo, las proezas legendarias de los samurai, y más adelante me adentré en las historias reales. Y el arte visual viene desde la niñez: mi hermano mayor, mi padre y algunos primos saben dibujar, y mis dos sobrinos están aprendiendo. Es como una herencia familiar.

¿Qué es un samurai para ti? 
Pues es una pregunta muy interesante. Pienso que ser samurai en la actualidad significa ser una persona que no se rinde ante nada, que no teme a las dificultades, que posee una disciplina, que logra sacar adelante lo que desea. El samurai japonés era un guerrero que nunca negaba nada; eran siempre leales y jamas se rendían. Que a pesar de tener una actitud severa y fría poseían conocimientos artísticos y buscaban métodos de relajación para sentirse en armonía.

En cualquier campo y oficio uno puede tener el samurai dentro: el carpintero que siempre afila sus herramientas para elaborar bien sus trabajos es como el samurai que afila sus espadas para que sus tajos sean perfectos. El ilustrador que siempre pone empeño para hacer lo mejor de sus obras para que la gente se admire de su pulso y creatividad, es como el samurai que demuestra su habilidad con la espada haciendo entender a sus contrincantes lo poderoso que es y ganándose el respeto de sus superiores.  El escritor o cuentero, el panadero, el zapatero, todos nosotros tenemos un samurai dentro. Los que más pueden reflejar un samurai son los soldados y los policías que arriesgan sus vidas para proteger a otros y luchan por la ley y el orden.

Hay una frase que me gusta mucho de Musashi porque es algo parecido a lo que hago: el camino del guerrero es el doble sendero del pincel y la espada.

Es un matiz interesante, viniendo de un mangaka.
¡Bueno, no es sencillo, jeje! Más sobre todo si se trata de caligrafía japonesa. No tiene gracia poner un kanji que no se sabe bien qué significa. Otro arte que admiro mucho es la forja, aunque mi talento es escaso. Tengo un gran amigo que se dedica a forjar espadas. ¡Ustedes en España tienen la ciudad de Toledo, y los castillos también!

Se viene, entonces, otra pregunta: ¿has pensado en pasar de kendo a kenjutsu?
¡Por supuesto que sí! Es un arte antiguo; a diferencia del kendo es más libre, abierto y muy poco rígido en el sentido del combate y técnicas.  Los estilos que más admiro son la escuela Nito ryu de Musashi, la Yagyu Shinkage ryu y Katori Shinto ryu.  También me ayuda a tener ideas y referencias.

¿Cómo es la comunidad kendoka colombiana?
Creo que son como siete ciudades donde se practica kendo. Las edades varían: pues hay tanto jóvenes como adultos, por ejemplo hay algunos de 40 años que apenas están conociendo el kendo.A veces faltan algunos implementos, bogus, shinais, uniformes. También es difícil asistir a seminarios por cuestión de dinero: algunos viajan a Ecuador, que es lo más sencillo y cercano para ir. Todavía no hay cuartos danes de Iaido, y no hacemos exámenes de grado. Los senseis van a formarse a México, Estados Unidos o Japón.

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Haces manga, pero te conocemos sobre todo por las tiras de kendo. ¿Cómo se te ocurrió?
Por un lado, como de darle comedia al kendo y darle entretenimiento a aquellos que quieren ver ese lado cómico. De pronto puede que haya algunos que no estén de acuerdo, porque toman el kendo muy en serio, pero no me importa porque no lo hago con mala intención. Pero me gusta mucho dibujar cómico como realista. Muy al comienzo hacía caricaturas a los senseis y compañeros que practican conmigo; lo hago cada año o cuando es un momento especial.

Página de Kitchen Samurai

Página de Kitchen Samurai

¿Y el zorro Yoshi es serio o cómico?
¡Yoshi es el personaje principal de mi comic Kitchen samurai! Hace poco terminé el primer tomo y estoy esperando para lanzarlo. Trata de un pequeño zorrito que desea ser samurai y trabaja como auxiliar de cocina en un restaurante típico japonés en el período feudal. Me gustan las historias originales, y Kitchen Samurai estoy seguro les gustará.

Me recuerda a Stan Sakai.
Es un buen cómic aunque francamente el estilo es demasiado europeo, en tanto lo mío es más manga. El mío es más cómico, en cambio Usagi siempre tira a ser más serio, incluso sangriento. Me inspira mucho Sanpei Shirato, creador del ninja Kamui, y también Kazuo Koike de Lobo solitario y su cachorro.

Llevo mucho dibujado este estilo, y aunque no se parezca a como lo hacen los japoneses, pienso que lo importante es crear una buena historia y unos buenos personajes. Cada quien tiene su estilo en el manga.

Danimaru empezará el próximo domingo a publicar algunas de sus historietas de kendo en QuehacesQUÉ.

Los miércoles pop: Bamboo Blade

Con este post empieza a colaborar con nosotros Javi Rodríguez, iaidoka, kendoka y gran aficionado al estudio de los koryus más antiguos, aunque se estrene hablándonos de un manga.

Empezamos a discutir en Twitter sobre Bamboo Blade: según @Galle, “una serie poco conocida por los otakus: sólo la conocemos los frikis de kendo”. @Fair_Ithilien y @darkirex compartieron fotos y vídeos, porque ambas también son frikis de kendo y la serie les gusta mucho. Saki apuntó que yo conocía la serie y el anime.

Y a mí me cayó el marrón.

Bamboo Blade… Pues bien, es la historia de Kojiro, un profesor de instituto, siempre escaso de fondos, que se apuesta con un viejo senpai un año gratis de sushi si su equipo femenino de kendo gana al de su senpai.

En este fan edición de Bamboo Blade, cedido por El Galle, nos presentan a la pequeña Tama-chan aprendiendo que el kendo empieza y acaba con cortesía

Kendo empieza y acaba con cortesía
(pincha para ver en grande)

La aventura de Kojiro empieza cuando intenta reunir un equipo de cinco chicas entre las que se encuentra Tama-chan, una joven con gran talento para el kendo, pero que lo ve como una obligación y no se divierte practicándolo. Una vez reunido el equipo nos cuentan cómo afectan sus estudios, relaciones y situaciones familiares a la práctica del kendo y a la apuesta de Kojiro.

El anime representa bastante bien el kendo a nivel competitivo (no hay magia ni ataques surrealistas). Fundamentalmente gira en torno al interrogante ¿conseguirá Kojiro ganar la apuesta?

Si hablamos del manga, viene siendo más de lo mismo, pero continúa enfrentando a Tamaki con rivales cada vez más fuertes, lo cual va despertando en ella el deseo de pelear, de competir y ganar, todo esto mezclado con historias de la vida cotidiana del equipo de chicas y sus amigos. Por eso, aunque algunos la identifiquen erróneamente con el Shojo (manga “para chicas”, o más bien manga romántico), Bamboo Blade es definitivamente un Shônen: un shojo no suele adentrarse en el plano deportivo con la intensidad que lo hace esta serie. Las protagonistas son chicas, pero la serie se basa en la comedia y las artes marciales, mientras que el Shojo suele centrarse en el romance, que aquí apenas aparece.

En esta foto que nos pasa Irene vemos a una esforzada miembro del equipo de Bamboo Blade, shinai en mano, agarrándose un rebote de padre y muy señor mío

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Hace mucho que vi la serie y leí el manga, y he de reconocer que gracias a ella me acerqué al kendo… aunque los miembros masculinos del dojo de Kojiro tengan un papel secundario 😉

No es la única serie con el kendo como base: también es bastante recomendable Musashi no Ken.

Referencias:

Bamboo Blade comenzó a editarse en 2004 en la revista Young Gangan, escrita por el guionista Masahiro Totsuka y la dibujante Aguri Igarashi. En 2007 se estrenó el anime, que ha sido licenciado en Estados Unidos. No hay (ni se espera) edición en español.

Gracias a Galle, Tania e Irene por las aportaciones.