Me he convertido en la muerte (High School of the Dead)

Nos hemos mudado. Puedes leer este post (y muchos más) en http://quehacesque.es/me-he-convertido-en-la-muerte-high-school-of-the-dead/

Restaurar tu iaito

Por Javier Villa

Esta vez me tenéis aquí para explicaros una forma sencilla y eficaz de restaurar las piezas de vuestro iaito.

En primer lugar, tenemos que saber que la mayoría de piezas que nos venden como oxidadas a manoenvejecidas a mano son en realidad pintadas a mano, y con el tiempo decolorarán a ese tono anaranjado que estamos tan acostumbrados a ver. Este tipo de piezas pintadas se utilizan en los koshirae (estilos) que utilizamos casi todos: abaratan el coste final del iaito y, a pesar de la decoloración, nos aguantará muchísimos años. Por supuesto hay piezas que no decoloran, aunque son algo (o mucho) más caras.

A algunos les gusta que las piezas vayan adquiriendo su tono anaranjado. Dicen que es señal de que el iaito se utiliza y de que uno entrena. Pero a otros, como servidor, nos gusta que nuestro iaito esté como el primer día: puede que hayamos comprado un iaito réplica de alguna katana histórica, y por mucho que entrenemos con él, queremos que siga como nueva. Como las antiguas.

 ¿Empezamos?

Primero debemos comprobar el estado de las piezas del iaito.

Esta vez me tenéis aquí para explicaros una forma sencilla y eficaz de restaurar las piezas de vuestro iaito.  En primer lugar, tenemos que saber que la mayoría de piezas que nos venden como oxidadas a mano o envejecidas a mano son en realidad pintadas a mano, y con el tiempo decolorarán a ese tono anaranjado que estamos tan acostumbrados a ver. Este tipo de piezas pintadas se utilizan en los koshirae (estilos) que utilizamos casi todos: abaratan el coste final del iaito y, a pesar de la decoloración, nos aguantará muchísimos años. Por supuesto hay piezas que no decoloran, aunque son algo (o mucho) más caras.   A algunos les gusta que las piezas vayan adquiriendo su tono anaranjado. Dicen que es señal de que el iaito se utiliza y de que uno entrena. Pero a otros, como servidor, nos gusta que nuestro iaito esté como el primer día: puede que hayamos comprado un iaito réplica de alguna katana histórica, y por mucho que entrenemos con él, queremos que siga como nueva. Como las antiguas.    ¿Empezamos?  Primero debemos comprobar el estado de las piezas del iaito.   Así estaba el menuki al principio  Si están simplemente decoloradas necesitaremos pintura para metales, lija, barniz especial para metales y un juego de brochitas de precisión. La pintura la podemos adquirir en cualquier tienda de bricolaje. También nos puede servir, por ejemplo, la que utilizan para las figuras de Warhammer.  Después lijamos las piezas para quitar los restos de pintura original, y las secamos bien bien antes de aplicar la pintura.  Ahora, armándonos de paciencia, toca pintarlas. El fuchi y el kashira son lo más fácil. Los menuki requieren MUCHO OJO para que no se escape la brocha y acabemos pintando el tsuka-ito.  Cuando estén bien secas, aplicamos el barniz. Así le daremos una capa protectora para que tarden más en decolorar: yo le doy a mi iaito una capa de barniz cada semana o dos semanas.   Detalle del menuki durante la operación ¿Qué ocurre cuando las piezas de nuestro iaito se han oxidado? Nada. Simplemente compraremos pintura para metales apta para aplicar sobre el óxido. Nos saldrá un poco mas cara, pero es la única forma de que éste no vuelva a rebrotar. En este caso aplicamos la pintura directamente sin lijar; luego damos la capa de barniz, y listo. Dejamos secar un par de días y volveremos a tener nuestro iaito como nuevo.

Así estaba el menuki al principio

Si están simplemente decoloradas necesitaremos pintura para metales, lija, barniz especial para metales y un juego de brochitas de precisión. La pintura la podemos adquirir en cualquier tienda de bricolaje. También nos puede servir, por ejemplo, la que utilizan para las figuras de Warhammer.

Después lijamos las piezas para quitar los restos de pintura original, y las secamos bien bien antes de aplicar la pintura.

Ahora, armándonos de paciencia, toca pintarlas. El fuchi y el kashira son lo más fácil. Los menuki requieren MUCHO OJO para que no se escape la brocha y acabemos pintando el tsuka-ito.

Cuando estén bien secas, aplicamos el barniz. Así le daremos una capa protectora para que tarden más en decolorar: yo le doy a mi iaito una capa de barniz cada semana o dos semanas.
Javi villa nos explica cómo restaurar las piezas del iaito que han quedado decoloradas: menuki, seppa, tsuba, kashira... con pintura para metales.

Detalle del menuki durante la operación

¿Qué ocurre cuando las piezas de nuestro iaito se han oxidado? Nada. Simplemente compraremos pintura para metales apta para aplicar sobre el óxido. Nos saldrá un poco mas cara, pero es la única forma de que éste no vuelva a rebrotar. En este caso aplicamos la pintura directamente sin lijar; luego damos la capa de barniz, y listo. Dejamos secar un par de días y volveremos a tener nuestro iaito como nuevo.

El fuchi y el kashira son lo más fácil. Los menuki requieren MUCHO OJO para que no se escape la brocha y acabemos pintando el tsuka-ito.

Al final del proceso

tsuba

Así queda nuestro fuchi

Las fotos que os paso las ha hecho mi compañero Luis Aranda, y el paciente es un iaito que Gonzalo Herranz (iaidoka de Zanshin Madrid) vendió a otro de nuestros compañeros. Esperamos que os sirva de utilidad.

Seguramente es el bus de datos: reiníciese y verá qué bien.

Cualquier tarde de  viernes, vestido de flamenco. Llevas una hora preguntándote por qué no estás en casa viendo un DVD con el bol de palomitas que compraste en “XXL Boles”.  Pues no: estás en tu dojo, con cansancio mental y físico después de una linda semana de trabajo. Y entonces…

El segundo de los tres kata que estás haciendo de seguido se va de tu cabeza a tomarse una caña fría. Y tú pones cara de estúpido consternación.

Cualquier tarde de  viernes, vestido de flamenco. Llevas una horita preguntándote por que no estás en casa viendo un DVD con el bol de palomitas que compraste en "XXL Boles".  Pues no: estás en tu dojo, haciendo iaido, con cansancio mental y físico después de una linda semana de trabajo. Y entonces...  El segundo de los tres kata que estás haciendo de seguido se va de tu cabeza a tomarse una caña de cervecita fría. Y tú pones cara de estúpido consternación.

Esto nos puede pasar a todos. Lo que ocurre es que a mí me pasa mucho. El problema de mis “vacíos cerebrales”, como yo los llamo, es que no puedes recordar rápidamente. Y los tres segundos que tienes para actuar, tus 30 compañeros no pueden seguir, porque te pueden sajar en canal o empalarse en tu sable. Lo cual lo hace todo más incómodo. Si tienes suerte y te pasa al principio, alguien se da cuenta y te sopla.

Si fuéramos maquinas, vendría el técnico y diría: “le falta RAM, caballero”, y no sabrías si comprarte memoria extra o una vaca. Quedarse en blanco es algo complicado, pero no tiene más solución que estar concentrado y relajado.

Y esto es lo que me pasó en mi primer Campeonato de Madrid de Iaido, el segundo sábado de febrero de 2013.

En sus primeros torneos uno va  a ver qué pasa, gane o no gane da igual: hay que pasárselo bien.

¿Y qué pasó? Que tú vas todo tranquilo, haciendo bromitas, y cuando llegas a la fila de combates dices: “qué calor hace aquí, parece que han puesto la calefacción”.  El calor aumenta, saludas a tu contrincante, y empieza el combate. La cosa es que sigues sudando como un pollo, hace un calor que ni en Sevilla en 15 de agosto. Tanto, que tu cabeza no funciona bien. Terminas como puedes para que un rato después te des cuenta de que no hacía calor: los nervios te han hecho un feo.

¿Qué podemos hacer? NADA. Cuando te pasa te aguantas, no hay solución. ¿O sí?

Según mi profesor, cuarto dan de Iaido, la respuesta es “sigue bailando”. Hace pocos días, en una prueba de embu, me inventé un kata yo solito: me faltaba sacar el cartelito de “OUT OF ORDER”. Da igual en lo que te hayas equivocado. El otro competidor puede haberla liado parda, los jueces estarán mirándole a él  y no darse cuenta; o en un examen, pueden valorar tu presencia (zanshin), y que exhales la idea al tribunal: “no señores, el kata es así”.

Ante estos sucesos lo mejor es salir contento: ya sabes lo que te puede pasar.  Sea en un entrenamiento, exibición o lo que sea.

Los viernes keiko: Hachidan, el reto extenuante

Como la mayoría de documentales que vamos comentando aquí, este es otro clásico. No descubrimos nada compartiendo Kendo’s grueling challenge, producido hace más de quince años por National Geographic, sobre el examen de octavo dan de Ishida sensei y otros postulantes, en una agotadora prueba de varios días en Japón. Pero es importante para varios de nosotros verlo juntos, y compartirlo para los que todavía no lo conozcan o no lo hayan visto entero.

Son 45 minutos en total. Estos son los primeros, y si no queréis cargar el documento completo, el usuario de Youtube del que hemos incrustado lo ha dividido en segmentos, con algo más de calidad que el enlace anterior.

Se trata de una obra de 1996, y como decimos, archiconocida en la red kendoka. Sin embargo, ha despertado ánimos dispares entre los maestros que la conocen. Uno de sus detractores es George McCall, editor de Kenshi247.net (lo cual debería bastar para levantar al menos una de las cejas cuando te pongas a verlo). No comprendo bien sus suspicacias, aunque puedo entender que estamos ante una narración muy clásica, muy americana en muchos sentidos: un foco mental basado en una tragedia personal, el ganador y también el perdedor, que suspende el examen a pesar de merecerlo moralmente; historias a las que el género documental nos tiene acostumbrados y que damos por hecho. Somos animales narrativos, y en National Geographic hace muchos años que lo saben.

Puede que en este enfoque emocional del proceso del examen se pierdan muchos detalles que para nosotros budokas sean tanto o más importantes, aunque la mayoría de nosotros, honestamente, no seríamos capaces de verlo todavía. National Geographic no es, sin embargo, un estudio divulgador de Budo. Hacen cine. Y el cine requiere sus héroes, sus villanos, sus viajes interiores y todo eso que nos ha hecho sufrir por la pobre gacela Thompson que corre delante de una gueparda, por más que ésta última tenga mucha hambre y dos cachorros que criar.

En todo caso, si te has puesto nervioso en tu primer examen de grado (¡o de kyu!), saber lo que hay allí, a lo lejos, casi al final del camino, te dará un poco de perspectiva.

Los miércoles erratas: la gran cagada

Ayer comenzamos a republicar algunos de los posts de Raúl Megido, que acaba de estrenarse como instructor en Madrid así como con el reciente blog Reflexiones de un kendoka. Fue una sorpresa encontrarlo, siguiendo la pista de un link al nuestro. Como habréis podido comprobar, cada uno de sus posts merece la pena ser leído dos, tres veces, y discutido y comentado otras cuantas.

Salvo por el detalle de que Reflexiones de un kendoka no es el blog de Raúl Megido.

En su momento le pedí a Raúl “uno de sus posts”; y él, que es humilde, aceptó escribir uno. Él dio por hecho que era lo que le estaba pidiendo. Yo di por hecho que las Reflexiones, sin firmar, eran fruto de sus primeros meses entrenando y dando clase a la vez. Y aunque espero que pronto se anime a hacerlo, de momento Megido-san no tiene blog.

Reflexiones de un kendoka es obra de Andrés Sánchez, kendoka, iaidoka, miembro del dojo Makoto Madrid y con el que tengo el placer de entrenar también en el mío. Lo cual es más que sorprendente: la madurez de sus textos, su capacidad introspectiva, y la precisión con la que en pocas semanas ha seleccionado los contenidos son extraordinarias, teniendo en cuenta que hablamos de un budoka con sólo dos años de práctica. Conocí a Andrés en una visita a Makoto, del que fue uno de los primeros alumnos. He visto sus primeras clases, y ahora compartimos juntos los nervios y las incertidumbres del examen de primer dan. Todo ello hace la lectura de su blog mucho más estimulante aún que si se tratara, como dimos por hecho, de un practicante con años y años de experiencia. Comprobadlo si no:

La importancia del Motodachi

Sí, sé que estoy siendo muy duro, pero no me excluyo de realizar esas prácticas. Nuestra actitud cuando nos toca hacer de motodachi no es la correcta. Estamos deseando que termine para poder hacer nosotros el ejercicio. Somos egoístas porque no nos importa lo que haga nuestro compañero, lo único que nos importa es que termine rápido para hacerlo  nosotros. Seguramente esto lo hagamos por nuestro desconocimiento de la verdadera filosofía del motodachi. Muchas veces nos encontramos con que no sabemos qué es exactamente lo que tenemos que hacer. No sabemos cómo debemos abrir, cómo debemos  apartarnos… Y todo eso es porque no somos lo suficientemente respetuosos con nuestros compañeros, no nos importa ni su sudor ni su esfuerzo.

El dojo

El dojo no debería ser únicamente un recinto. El dojo ha de ser un espíritu de grupo. Hay que respetar a los componentes del dojo, pues son tus acompañantes en ese tu camino individual. El dojo es el que te prestará tu primer shinai, tu primer bogu.  El que te enseñará tus primeros pasos. Pero no solo eso. Te animará en los momentos difíciles. Te mostrará el camino a seguir cuando te encuentres perdido. Y será el que permanezca hasta que vuelvas, si por alguna razón debes hacer un parón en tu recorrido. Definirá tu estilo de kendo, respaldará tus decisiones y te apoyará en tus exámenes y campeonatos.

Un día más

Si partimos de la base de que el kendo es algo que hacemos por gusto, no deberíamos sentirnos obligados a realizar una clase, más bien debería apetecernos, pero no voy a negar la existencia de situaciones que no lo propician. No seré yo quien señale a nadie con el dedo por no acudir a una clase cuando yo soy el primero que lo hace. Además cada uno tendrá sus propias razones tan válidas como las de los demás. Creo que un buen entrenamiento puede hacernos superar esos “baches”  e intentar desconectar de los problemas ajenos o no al kendo, y ayudarnos a concentrarnos en lo que estamos haciendo sin importarnos ninguna otra cosa.  Y esto puede sernos útil tanto en nuestro kendo como en nuestra vida.
Estos y varios más, intentaremos seguir teniéndolos por aquí, pero por el momento os haréis un favor si los añadís a vuestros feeds.